Cacofonía de 144 mil voces: arte y memoria en torno a luz y fuerza

Por Hasi Zapata
Las fotografías y videos son parte de la obra de Juan Caloca.

Hace cinco años, se aplicó por decreto presidencial la «extinción» –la palabra utilizada es una mierda de ironía– de Luz y Fuerza del Centro (LyFC), compañía paraestatal hasta entonces dedicada a la gestión de la electricidad en el valle-zona centro de México. Este acto significó uno de los despojos más autoritarios, por parte del gobierno-Estado-capital contra la clase trabajadora, de los últimos tiempos. Para los 144 mil electricistas este decreto significaría la extinción de su fuente de trabajo y el inicio de una fase de resistencia que todavía se mantiene activa en el presente.

A la media noche de esa misma fecha, entre el sábado 10 y domingo 11 de octubre de 2009, militares disfrazados de policías federales habían desalojado la toma que mantenía el Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) en el Centro de Operación y Control de LyFC en el Distrito Federal, ante el desconocimiento oficial del secretario general electo.

Aunque era evidente que esta cruda entrada, seguida de la instauración de un cerco alrededor de las instalaciones y la posterior extinción de la compañía atraerían malestar social y movilizaciones, el gobierno estuvo dispuesto a imponer y defender sus artilugios: liquidación masiva, cooptación de los líderes sindicales, criminalización de los electricistas en resistencia… todas ellas estrategias verticales y agresivas para acallar y minimizar el movimiento smeíta.

En 2014, han logrado insertar el «problema» en el panteón oficialista de las luchas petrificadas y casi han logrado –al menos mediáticamente– desaparecerlo. Fraccionada la lucha, el gobierno federal fue muy sagaz en hacer ver el problema de los electricistas como algo propio de los sindicatos, a quienes pintó como un nuevo enemigo público a combatir; con los pretextos del estorbo monetario que significan para el bien público su funcionamiento, la ineficiente burocracia, una podredumbre propia de la organización sindical o cualquier excusa calcada del modelo neoliberal para justificar su agenda.

Otra manera de desmantelar la resistencia fue la persuasión monetaria que la liquidación significaba, frente a la precariedad que acompaña la resistencia; además del desgaste que supone el encarcelamiento de activistas.

Además, se buscó desaparecer lo más pronto posible todo el imaginario de LyFC del espacio público, convirtiendo a las luchas simbólicas, también, en fantasmas de cemento, anacronismos, en una ruina en potencia. «Tronarla» significó desmantelar a uno de los sindicatos más combativos y nutridos de todo el país, de manera que el recurso de la electricidad y la fibra óptica pudieran ser vendidos y entregados a la iniciativa privada.

www.o-p-e-.org

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Aunque el modelo de la lucha sindical nacionalista sí está completamente trasnochado en sus maneras, y su horizonte de lucha acotado a la defensa de sus derechos laborales ante un Estado autoritario –cuya faceta paternalista y benefactora está en proceso de extinción– ganados alguna vez, hace mucho tiempo, en otro espacio y galaxia mexicana quesque postrevolucionaria. Como una caricatura negra, las formas y tácticas de lucha son las de siempre: mega-marchas, plantones, mítines, negociaciones áridas, desgaste, deserción.

Todavía el 1 de mayo de 2014 el contingente más grande sería el del SME, sin embargo, su presencia cuantitativa en las calles a veces parece parodiar a un desfile desinflado: ¿significarán un avance en la lucha o la continuación de un teatro donde la representación se vuelve una máscara triste? Aunque la organización sindical y auto-organización horizontal y lúdica resulta necesaria, también es importante replantear las identidades de lucha urbanas heredadas del siglo XX, específicamente las del obrero y el/la trabajadora.

Es urgente también preguntarnos ¿porqué esa fuerza cuantitativa, histórica o imaginaria que representa el SME no logró crear una lucha inventiva, sagaz, aguda y hacer frente al tiro de gracia otorgado por Felipe Calderón como parte de la avanzada neoliberal capitalista para vender todo México? ¿Cómo nombra la resistencia a quienes comenzaron en la lucha y hoy están liquidados?

Hacia el año 2011, el artista Juan Caloca comenzó a sacar moldes de las coladeras de LyFC que encontraba por la escuela –La Esmeralda– o camino a su casa en la colonia Peralvillo. Mirar hacia abajo con atención y observar esa ruina provocaba una mezcla de agrado con curiosidad, como si fuera la transfiguración de un emblema en un símbolo muerto o, mejor dicho: asesinado, aniquilado. Con su silencio de acero, representaba la extinción de luz y fuerza como una letanía para la lucha obrera-sindicalista en este país.

A su manía de conservar, conseguir, encontrar y coleccionar todo tipo de parafernalia relacionada con el imaginario de la lucha electricista, Caloca la denominó Obra en Proceso de Extinción. Después se relacionó cotidianamente con dos ex-trabajadores de LyFC: Atanasio Ocampo y Sergio Bustos. Y mucho después vino Prometeo  con su premonición estética:

Su última pieza de esta larga investigación, Cacofonía de 144 mil voces, es una representación escénica, colaboración con Yollotl Alvarado y Gabino Rodriguez. Ellos la definen como un «monólogo documental» que busca exponer la multiplicidad de voces y posturas que surgieron luego del desalojo y extinción de LyFC, a través de narraciones personales –extraídas de entrevistas con ex-trabajadores de la compañía–, enfoques noticiosos oficialistas abordados por los medios de comunicación masiva, así como la voz del Estado y diversas opiniones públicas.

El objetivo de la obra es mostrar la complejidad de un fenómeno social como éste y detonar reflexiones «sobre la importancia de la memoria y las implicaciones que ésta tiene para entender el presente». Como otras piezas de arte político, la obra no es una apología de una lucha, de la causa, ni de los «otros», tampoco es propaganda. Es un espacio ambiguo y heterodoxo que nos obliga a ser críticos mas allá de cualquier paradigma establecido. Los autores atinan al no buscar que su cacofonía emita un juicio claro sobre «la gloria» –o falta de ésta– de la lucha smeíta.

Sin embargo, el trabajo de Caloca, Alvarado y Rodriguez no escapa a los ojos críticos que les reprochan su uso meramente estético de los movimientos, cuyo resultado podría ser una enunciación alejada de la «lucha real» del SME y por lo tanto ser «inefectiva».

Hay fuertes contradicciones a las que los artistas políticos se enfrentan cuando deciden hacer de la resistencia su material plástico para configurar discursos y no precisamente acciones pero, ¿existe un canon sobre lo que es o no es «la acción»?

¿Poner el cuerpo y la voz? ¿Encarnar la multiplicidad de voces? ¿Abrir la discusión? Son aportaciones a las luchas –humildes pero importantes–, realizadas desde lugares inesperados.

Como en la física de la burocracia, en el arte también toda piedra cae o permanece según su propio peso. Y, como dice Frantz Fanon: «todo espectador [pasivo] es un cobarde o un traidor».

«Cacofonía de 144 mil voces» se presenta del 6 de septiembre al 18 de octubre a las 7:00 p.m. en el teatro La Capilla (Madrid 13, casi esquina con Centenario, Coyoacán).

There is one comment

  1. Alberto gonzález Bárcenas

    Es interesante, por sugerente, la pretensión de experimentar un enfoque artístico en una especie de “arqueología del presente”. Arriesgado el experimento y sin duda polémico, pues según se afirma en la presentación del trabajo, no se pretende hacer una apología de la resistencia del SME. Ello queda claro cuando se anota que “como una caricatura negra, las formas y tácticas de lucha son las de siempre: mega-marchas, plantones, mítines, negociaciones áridas, desgaste, deserción”.

    Los objetos de la muestra son seleccionados con un criterio orientado a confirmar algo difícil de demostrar: «Tronarla» (a Luz y Fuerza) significó desmantelar a uno de los sindicatos más combativos y nutridos de todo el país. ¡El SME no está desmantelado y su resistencia es un movimiento victorioso que aun no alcanza sus objetivos!

    La resistencia del SME, desde mi punto de vista, en un proceso de lucha inédito que no hubiera sido posible sin la creatividad en las formas de lucha y la iniciativa política propia de la reflexión colectiva. Quizá a quien escribió el texto de la presentación del trabajo de Juan Caloca le sería conveniente acercarse algunas dioptrías al proceso de lucha del SME y observar así, con toda nitidez, la riqueza de formas y representaciones que para nada se limitan a las formas simples de protesta sin posibilidades de un desdoblamiento hacia la resistencia política. Por lo demás, la resistencia del SME a generado un discurso político e ideológico que no permite ambigüedades respecto a lo qué es la acción.

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