Todos tenemos madre: testimonios de dos madres de jóvenes desaparecidos durante el sexenio

En esa reja de la colonia Juárez se puede leer una denuncia escrita en cartulina y colocada con cinta adhesiva junto con algunos periódicos de referencia. En ese breve espacio, se acusa al actual gobernador de Jalisco de amparar y proteger delincuentes. Casi a su lado, hay un cartel en inglés —uno de tantos de los que acompañaron a la caravana por Estados Unidos hace un par de meses— que pronuncia: I’m Nepomuceno Moreno, «soy Nepomuceno Moreno», una frase dolorosa para quien conoce la historia de Don Nepo, para quienes recorrieron México a su lado durante las caravanas del Movimiento por la Paz, para quienes lo vieron morir asesinado a sangre fría por andar buscando a su hijo… Finalmente, al centro de esta peculiar instalación colocada a las afueras de la Secretaría de Gobernación (SEGOB) se puede leer «SEXENIO DE CALDERÓN SEXENIO DE LA MUERTE». Esta sentencia es, quizá, la que mejor define porqué familiares de desaparecidos mantuvieron ahí mismo, la semana pasada, una huelga de hambre durante siete días.

Algunos de estos familiares, integrantes del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad (MPJD), se reunieron en 2011 con Felipe Calderón en el Castillo de Chapultepec. Expusieron los casos de sus familiares asesinados, desaparecidos, torturados… así como sus propias situaciones de amenazas y desplazamientos forzados por la violencia. El diálogo llevaba dos exigencias: el freno de la guerra iniciada por Calderón y la resolución de los casos de víctimas. Ha pasado más de un año, estamos a pocos días del cambio de gobierno, y los casos siguen impunes. Las madres y padres están hartos de realizar el trabajo que correspondería a las autoridades y, más aún, de que sus denuncias sean ignoradas y menospreciadas.

 

Margarita López: la necesidad de esclarecer los hechos

Estamos aquí en un acto de rebeldía, en un acto de exigir justicia porque nos cansamos de esperar que se hiciera justicia para nuestros hijos (…) porque lo mismo da morir acribillado en la calle, como los compañeros que han perdido la vida por alzar la voz, a morir aquí en un acto de amor.

«Que bonito… así lo tenía mi niña», le dice Margarita a una de sus visitantes mientras le acaricia el cabello –largo y castaño– y la mira con cariño, aunque es la primera vez que convive con ella.

La hija menor de Margarita, Yahaira Guadalupe, de 19 años, fue sacada de su domicilio –en Tlacolula de Matamoros Oaxaca– por un grupo armado, el 13 de abril de 2011. Se encuentra desaparecida desde entonces. Ante la ineptitud de las autoridades y con la esperanza de encontrar a Yahaira, Margarita pagó investigadores y contrató informantes dentro de los gobiernos estatales, federales, en el ejército y en las redes de delincuencia organizada. Lo que encontró fueron las evidentes vinculaciones entre gobiernos municipal y estatal y dichas redes. Después de recibir acosos y agresiones en el estado de Oaxaca, se trasladó a la Ciudad de México, desde donde ha buscado hasta debajo de las piedras los medios para esclarecer el caso.

El 20 de septiembre del año pasado se le informó que se había encontrado un cuerpo sin cabeza, que supuestamente era el de Yahaira. Ante la duda razonable de que verdaderamente se trate del cuerpo de su hija [1] la exigencia principal de Margarita son los resultados de las pruebas genéticas realizadas por el FBI que, señala, no se han entregado por falta de seguimiento e interés de las autoridades mexicanas, así como la intervención del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), quienes ya han participado en la definición de identidad de cuerpos y restos humanos encontrados en México.

Nuestra salud se deterioró desde el primer día que nuestros hijos desaparecieron. Desde ese primer día nosotras no comemos, no dormimos, nosotros no vivimos porque no tenemos un pedazo de nuestra alma, que está ausente

 

Julia Alonso: la huelga de hambre como acto de amor y de rebeldía

«Nosotras no contamos con armas, lo único es nuestra voluntad y nuestro amor a nuestros hijos. Es un acto de amor hacia nuestros hijos y tambien para visibilizar lo que está pasando en el país», dice Julia.

Su hijo, Julio Alberto, desapareció el 12 de enero de 2008 en Nuevo León. Al igual que las otras madres de desaparecidos, Julia quiere hacer todo lo que esté en sus manos para encontrar a su hijo y para exigir justicia para todos los demás hijos, aunque le cueste la vida. Se vale de la huelga de hambre porque solo tiene su amor y su voluntad para exigir respuestas y mecanismos para encontrar a su hijo; dice que no abandonará nunca la búsqueda.

Un año casi entero me pasé en la cama llorando… y medio viviendo, medio comiendo (…) yo sé que miles de madres que están en todo el país están llorando por sus hijos, y están sin comer y están sufriendo.

…..

Ellos [los políticos] se han acomodado en sus lugares de poder y solamente hay una clase a la que sí le dan la justicia y a los demás no. Ellos son responsables por no hacer su trabajo porque han pensado que las personas a las que ellos están gobernando no tienen valor. Y ahorita, en este momento de mi vida, yo le digo a Calderón: SÍ tenemos valor las madres, lo que pasa es que creíamos que había justicia en este país y que existían los poderes.

La huelga de hambre finalizó ayer pero la impunidad persiste. ¿Por qué tenemos que llegar a esto para que el secretario Poiré atienda nuestras demandas?, comentaba Margarita hace unos días. Todos somos ciudadanos de primera y la justicia debe procurarse a todos, no sólo por pactos de clase, decía Julia. Entre las exigencias que la autoridad prometió resolver están la gestión de reuniones de madres de desaparecidos con algunos gobernadores, con el equipo de transición de Peña Nieto y la conformación de equipos especiales de investigación. Así como Margarita y Julia hay miles de madres más cuyas historias desconocemos, [2] que el estado intenta mantener en el anonimato y que sólo se visibilizan con acciones como esta. Ante esta situación es que pide Julia: «Que no nada más simule todo el mundo y voltée la cara para otro lado, viendo a una madre llorar (…) desde la ciudadanía hasta los gobiernos, porque cada país tiene los gobernantes que se merece por su indolencia».

[1] Los resultados de las pruebas de ADN clandestinas que logró realizar dieron negativas, el color de la arena no coincide con la arena del lugar, los testimonios de los torturadores confesos (presos por otros delitos) no coinciden con la version oficial… entre otros. Amezcua, Adriana, ‘No me voy a levantar de aquí’, entrevista con Margarita López. Reporte Índigo, 9 de noviembre de 2012.

[2] El número de desaparecidos en México durante el sexenio varía según quien emita el informe; la Comisión Nacional de Derechos Humanos habla por lo menos de cinco mil, otros hablan de diez mil y algunos hasta de 300 mil. Ver artículo de José Gil Olmos: Sexenio de desaparecidos (Proceso, marzo de 2012) y el video de una entrevista con Mariel Rivera (Centro de Investigación para el Desarrollo, AC).

Por María Guadián

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  1. Sididh 2.0 Actualizando el Estado de los Derechos Humanos – Este 15 de noviembre los medios destacan

    […] Todos tenemos madre: testimonios de dos madres de jóvenes desaparecidos durante el sexenio/ Agencia…En esa reja de la colonia Juárez se puede leer una denuncia escrita en cartulina y colocada con cinta adhesiva junto con algunos periódicos de referencia. En ese breve espacio, se acusa al actual gobernador de Jalisco de amparar y proteger delincuentes. Casi a su lado, hay un cartel en inglés —uno de tantos de los que acompañaron a la caravana por Estados Unidos hace un par de meses— que pronuncia: I’m Nepomuceno Moreno, «soy Nepomuceno Moreno», una frase dolorosa para quien conoce la historia de Don Nepo, para quienes recorrieron México a su lado durante las caravanas del Movimiento por la Paz, para quienes lo vieron morir asesinado a sangre fría por andar buscando a su hijo… […]

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