En Oaxaca sigue la Cruzada contra los Pueblos del Maíz

Fotografía de portada: Eugénie Laclasse

En el marco de la Cruzada contra el Hambre, el gobierno mexicano impulsa a nivel nacional el Programa «Agricultura de auto-consumo», dirigido a 1,122 comunidades ubicadas en 50 municipios de Oaxaca. Destinado a pequeños productores de maíz que cuentan con 3 hectáreas como máximo para cultivo, el programa plantea contribuir al mejoramiento de sus condiciones productivas mediante el otorgamiento de subsidios. No obstante, este dinero no es de uso libre : debe servir para la compra de paquetes de semillas y fertilizantes químicos, a los proveedores de agro-químicos certificados. Es claro que las empresas productoras tienen grandes intereses en el implemento de estas medidas, sin embargo, las comunidades seguramente serán afectadas. Considerando este programa como una franca amenaza, las organizaciones campesinas se organizan para denunciar y rechazarlo, solicitando al mismo tiempo la construcción de alternativas, que respeten y fortalezcan sus formas originarias de cultivo.

No cabe dudas de que el apoyo hacia la agricultura de auto-consumo es importante para garantizar la seguridad alimentaria de las familias y la soberanía alimentaria oaxaquena y del país. Es lo que pretende el programa de “Agricultura de auto-consumo”, planteando otorgar el equivalente a 2,200 pesos por hectárea, con un limite de máximo 3 hectáreas por productor. Estos subsidios se entregaran en insumos: semillas híbridas o criollas mejoradas, fertilizantes químicos o biofertilizantes, plaguicidas, herbicidas y silos metálicos. Como lo aclara  Gabriela Linares de la Unión de Organizaciones de la Sierra Juárez (UNOSJO), con este programa, se trata de “darles un dinero que ya no es en efectivo, anteriormente les daban el dinero, la opción de que ellos compraran lo que necesitaban”. Es justamente lo que están denunciando las organizaciones campesinas. “No están dando alternativas a lxs campesinxs, es lo que rechazamos”, precisa Gabriela. “No estamos en contra de la idea de un programa, es la responsabilidad del gobierno, lo que estamos en contra es la forma en la que se esta desarrollando”. Para ella, al debilitar su autonomía el programa no ayudaría a los campesinos a solucionar sus problemas. Juana Vasez Vázquez, originaria de la comunidad de Hidalgo Yalalag, en la Sierra Norte del Estado de Oaxaca, aporta su testimonio : “Cada sexenio vienen estos tipos de programas, nosotros lo hemos venido observando, y ninguno de estos programas ha beneficiado”.

Ademas de esto, el programa representa una amenaza hacia las semillas nativas de maíz, adaptadas a las particulares condiciones ecológicas de cada región. Las semillas campesinas serán desplazadas por semillas homogéneas, híbridas o criollas mejoradas, lo que provocará la perdida de la diversidad de razas y variedades de maíz nativas que existen en el estado. Como ya lo plantearon varios estudios científicos, como los de Antonio Turrent[1], muchas de estas semillas comerciales no podrán adaptarse a los nichos ecológicos, ni permitirán lograr más rendimientos. Otros, tales como Ignacio Chapela[2], han documentado casos de contaminación transgénica debido al uso de lotes de semillas que venden las compañías como “híbridas convencionales”. Por otro lado, el Programa fomenta una agricultura que tiene como base el uso de paquetes tecnológicos, con alto contenido de fertilizantes y plaguicidas químicos, que disminuirá la calidad nutricional del maíz. Como lo precisa Juana Vasez Vázquez, “este maíz no nutre, llena pero no nutre como el que tenemos”. Ademas, seguramente contaminaría al medio ambiente y provocaría problemas de salud crónicos.

Así, es fácil darse cuenta de que el programa beneficiaría más a las empresas productoras de agro-químicos, semillas e implementos agrícolas, que a los campesinos a quienes se destina. “Lo que estamos denunciando, es que los que van a ser mayormente beneficiados de este programa van a ser las empresas a las cuales se van a comprar estos paquetes tecnológicos”, declara Gabriela. Mas allá, según  Mercedes García Lara, coordinadora de organizaciones de agricultores biológicos, “la idea viene de arriba, desde las transnacionales, a ellas les interesa ser dueñas de las semillas al 100%”. Para ella, si este programa está directamente promovido por el Gobierno, mediante la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (SAGARPA) específicamente, “es un convenio entre las empresas y los gobiernos, para que los gobiernos vayan ayudando a abrirse caminos a las empresas”. Lo que se está buscando, es “que se pierda la semilla, para que las transnacionales tengan la cancha abierta para las semillas transnacionales”, nos precisa. Cabe aclarar que si en este momento, gracias a los subsidios, las semillas se otorgan de manera gratuita a lxs campesinxs,  después deberán ser pagadas por ellxs.

 

Fotografía: Eugénie Laclasse

Como lo denuncian las organizaciones que conforman el Espacio Estatal en Defensa del Maíz Nativo en Oaxaca, al aceptar dejar de sembrar las semillas propias y optar por las variedades comerciales, los conocimientos campesinos sobre las semillas corren el riesgo de perderse. Por lo tanto, Juana Vasez Vázquez explica que al matar los cultivos tradicionales, estos “programas paternalistas” solo “van a crear más dependencia, y más dependencia en el futuro va a significar miseria, ya no pobreza”. De ahí, se destaca claramente la dinámica implementada por la Cruzada contra el Hambre, que Silvia Ribeiro rebautizó la  “Cruzada contra los Hambrientos”, “es una cruzada, realmente, pero contra los campesinos, los indígenas, contra las formas de vida diversas”.

Para apoyar a lxs campesinxs y fortalecer la soberanía alimentaria en el país, el Espacio estatal en Defensa del Maíz Nativo de Oaxaca tiene otra propuesta: reconocer y reforzar la sabiduría de los pueblos, su cultura y su vida comunitaria. “Queremos que el gobierno se esfuerce a proteger el maíz nativo, que apoye al campesino a sembrar sus semillas”, declara  Mercedes García Lara. En efecto, cabe recordar que en muchas comunidades, además de su trabajo de mejoramiento de las semillas nativas, lxs campesinxs utilizan técnicas tradicionales y también agro-ecológicas que les permiten obtener una producción de alimentos sanos, nutritivos y de buena calidad. Por esto, es en estas formas de cultivos tradicionales que hay que poner la luz. Mercedes García Lara subraya, por ejemplo, la necesidad de promover la milpa como forma de cultivo, o de aprovechar el uso de abonos naturales contra el de los fertilizantes y agro-químicos. Por su parte,  Juana Vasez Vázquez nos cuenta que allá en las comunidades de la Sierra Norte, “hay personas, sobre todo los campesinos ya mayores, que siguen conservando la ayuda mutua : yo te ayudo y tu me ayudas (…) y ahí no media el dinero para nada”. Estas formas organizativas propias de las comunidades son las que se deberían rescatar y revalorizar.

 

Agradecemos la colaboración del Espacio estatal en Defensa del Maíz Nativo en Oaxaca

 

Por Eugénie Laclasse

 


[1] Presidente de la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad (UCCS).

[2] Investigador de la Universidad de California en Berkely.