Primavera en Noruega, Obama en México

Fotografía: Mario Marlo/Somos el Medio

Amaneció nevando el viernes 3 de mayo en la pequeña ciudad de Bergen, Noruega, un puerto enclavado en la costa noroccidental de Noruega- conocido principalmente como punto de entrada a la región de los fiordos, y cuna del compositor romántico nacionalista Edward Grieg- donde estoy a punto de cumplir 3 meses de una estancia como investigador, dentro del marco de mi año sabático. No ha habido aún un solo día que las temperaturas rebasen los 8 grados, pero a esto le llaman primavera, por acá en tierras vikingas.  Todo esto  me viene a la mente al seguir de cerca desde este rincón insólito de una Europa que se desmorona, a la visita de Obama a México e intentar armar una primera reflexión sobre sus implicaciones.

He estado revisando el texto del comunicado conjunto emitido por Obama y Peña Nieto, sus declaraciones en la rueda de su rueda de prensa y en el discurso de Obama en el Museo de Antropología, y la cobertura en los medios de comunicación y por los comentaristas que suelen “definir la agenda” (Chomsky dixit) en cuanto a temas de este tipo.  Muchos convergen en señalar que  se está dando un giro en la relación bilateral, de un énfasis en la seguridad a uno renovado en los procesos de integración económica y “libre comercio”, y muchos consideran a este aparente viraje como una señal positiva, recibida con alivio: como una brisa perfumada, primaveral.

Pero surgen elementos adicionales, muy preocupantes, al intentar abordar todo esto desde la perspectiva de uno de los sectores más vulnerables dentro del marco de las relaciones entre México y los Estados Unidos: las y los migrantes. Este sector incluye tanto a las 34 millones de personas de origen mexicano que residen en ese país (por lo menos 7 millones de ellas indocumentadas) como resultado palpable de más de 100 años de procesos de migración forzada, y más y más de desplazamiento forzado, y los cientos de miles de migrantes en tránsito por territorio mexicano, principalmente de origen centroamericano y latinoamericano, pero también de origen africano y asiático. Vale la pena recordar que la migración mexicana hacia los Estados Unidos constituye el proceso más persistente y masivo de su tipo en todo el mundo, y que a su condición de país clave de origen añade México su papel creciente como país de tránsito. Un creciente número de estos migrantes mexicanos y latinoamericanos es además de origen indígena.

Asumamos que el giro discursivo evidente de un énfasis en temas de seguridad a temas de integración económica refleja un cambio real, que desde luego en sí implica una afirmación muy discutible. Lo interesante es que dentro de sus mismos términos el “nuevo” marco conceptual deja intocada la centralidad subyacente del tema migratorio, que siguen siendo el hilo conductor invisible que configura la relación. El tema migratorio juega un papel estratégico como uno de los tres supuestos ejes imperativos (anti-terrorismo, anti-drogas, y todo lo relacionado con la militarización de las fronteras y la “securitización” de las políticas migratorias, incluyendo el control y la prevención de los flujos “irregulares”) de la cooperación bilateral en cuanto a temas de seguridad.

Pero no hay ninguna pérdida en cuanto al peso decisivo de este tema al girar los discursos de nuevo hacia la llamada integración económica y el “libre comercio”.  El tema migratorio siempre se ha excluido y se seguirá excluyendo del marco formal del TLCAN (lo mismo que todo lo relacionado con PEMEX), pero al igual que el tema del control del petróleo, sigue siendo un tema de importancia fundamental que de hecho resulta determinando mucho de lo demás. Los flujos masivos de migrantes hacia el norte, tanto desde México como desde Centroamérica y el resto de la región, se dispararon a partir de la entrada en vigor del TLCAN en 1994. Estos procesos siguen siendo nutridos hoy por el proceso de destrucción de las condiciones materiales necesarias para una vida digna en sus comunidades de origen, que es inherente a la violencia estatal, estructural y sistémica característica del capitalismo globalizado neoliberal, en regiones como el Bajío, el Valle del Mezquital en Hidalgo, la Mixteca poblana, La Montaña de Guerrero, las sierras de Oaxaca, y Los Altos, Cañadas, y Selva de Chiapas.

No hay una sola referencia explícita a todo esto en los discursos oficiales de ambos mandatarios que adobaron la visita de Obama.  Pero este silencio formal estuvo permeado de los ecos de las voces del movimiento transnacional de migrantes, sus familiares, y defensores que se movilizaron en más de 100 ciudades de los Estados Unidos demandando una reforma justa e integral de las políticas migratorias en los Estados Unidos, retomando los orígenes del Primero de Mayo en las comunidades obreras inmigrantes de Chicago.

Estuvo presente este mensaje en México también el 2 y 3 de mayo a través de las movilizaciones históricas organizadas por los múltiples sectores que han confluido dentro del marco de “Acción Migrante” y organizaciones específicas como la Asamblea Popular de Familias Migrantes, Movimiento Migrante Mesoamericano, Familias Latinas Unidas, Frente Indígena de Organizaciones Binacionales (FIOB), Asamblea de Migrantes Indígenas del DF, exBraceros, etc. y el eje sobre Migración, Refugio, y Desplazamiento Forzado del capítulo México del Tribunal Permanente de los Pueblos (TPP). Este eje realizará una pre-audiencia y otros eventos enfocados al tema de las y los migrantes en tránsito y a los casos de la Masacre de San Fernando y las fosas comunes descubiertas en ese municipio, el 19 de agosto en la Sala Digna Ochoa de la sede principal de la Comisión de Derechos Humanos del DF.

Todo esto estará presente dentro de los Estados Unidos también en las próximas semanas al realizarse la Caravana Abriendo Puertas a la Esperanza encabezada por el padre Alejandro Solalinde, que culminará su trayecto en Washington, D.C el 26 de mayo.

Mientras tanto se debate en Noruega como responder a los flujos masivos recientes de migrantes del pueblo Roma, y se planteó como tema central en la movilización del Primero de Mayo en Bergen, bajo una lluvia helada pertinaz, la necesidad de recibirlos de manera solidaria, mientras flotaban en el viento banderas de colectivos de migrantes y refugiados kurdos, palestinos, somalíes, sudaneses, y de Sri Lanka, y cimbra conciencias en todo el mundo la huelga de hambre masiva de más de 100 de los ilegalmente detenidos y torturados en Guantánamo.

Como dice Silvio Rodríquez en su “Canción Urgente para Nicaragua”: “Se ha prendido la hierba dentro del continente, las fronteras se besan y se ponen ardientes…”.

Esto sí que huele a primavera.

Por Camilo Pérez Bustillo*

*Hijo de migrantes colombianos, nacido en Nueva York; miembro del eje sobre Migración, Refugio, y Desplazamiento Forzado del Capítulo México del Tribunal Permanente de los Pueblos (TPP); Profesor-Investigador, Posgrado Derechos Humanos, UACM.

 

 

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