Charla con El Profe

Silencio amargo, desabrido el del nosocomio donde está Alberto; distinto al de una celda que sabe a podredumbre, o al menos así lo imagino. Pútrido por tantos ultrajes que se embuten al interior de la cárcel, y no me refiero nada más a la comida o a la falta de higiene; ni a los propios presos, de ninguna manera, sino al caldo en que aquellas personas se cuecen frente al trato infrahumano que reciben; rumbo a la “reinserción social”: violaciones constantes a derechos humanos, tortura física y psicológica, corrupción, discriminación…[1]

Pero el panorama no es totalmente desolador (…) Si ustedes quieren acabar con el confinamiento en solitario, pueden hacerlo. Tienen que organizarse y luchar por eso. Si para ustedes el complejo industrial carcelario es intolerable, entonces organícense y peleen para tumbarlo.*

Un ambiente azul claro y color crema, entre batas y médicos, es lo que ahora ronda a Alberto Patishtán; cansancio, hartazgo, impaciencia, rutina, tedio. El sonido de la máquina que registra los signos vitales, ese que indica si una persona está viva o muerta con un timbre intermitente o prolongado, respectivamente, agobia los oídos extraños: tun… tun… tun…

A ocho días de su operación, en la cual le extrajeron un tumor de aproximadamente cuatro y medio centímetros, El Profe nos recibe muy animado, como si nos reconociera con apenas dos tímidos “buenas tardes”. Recostado en su camilla dentro de la habitación número ocho del Instituto Nacional de Neurología, cuarto piso. Sonríe y nos invita a pasar y sentarnos.

Tun… tun… tun… Ahora se encuentra en una camilla, luego de 12 años de cemento y hierro, de traslados arbitrarios, de un diagnóstico erróneo y negligencia; de abuso de autoridad, de mala alimentación, de estar separado de sus hijos: de su familia; apartado de la docencia, de El Bosque y de la organización en esta, en su comunidad donde no hay barrotes físicos.

La gente tiene el poder de transformar sus duras realidades. Lo único que tienen que hacer es luchar para hacerlo. Organizarse. Cuando todas y todos se juntan para dar batalla juntos, el cambio ocurre.*

Dicha organización no ha dejado de fomentar la acción entre los presos y hacia fuera, realizan protestas para exigir la liberación de los mismos presos políticos, marchas y difusión afuera, huelgas de hambre adentro. Sus frutos han sido evidentes; así como organización mediáticamente invisible en las comunidades constitutivas de Pueblo Creyente, como la suya.

Lo anterior surge en la reflexión que Alberto sobre su injustificado traslado al norte del país. Los compas se están movilizando más y más a partir de ello, lo cual le llena de fuerzas, ánimo y esperanza, eso que se pierde al último. Además, gracias a aquella mala jugada, por la imprecisión de los médicos en diagnosticar lo que estaba causando su ceguera paulatina que durante diez años (¡!) se creyó era glaucoma, luego se intuyó carnosidad –tal cual, ningún tipo de estudio serio hasta ese momento- por fin, con ese cambio en el diagnóstico, los abogados presionaron para que se le hicieran estudios a Alberto.

Tun… tun… tun… sólo entonces, descubren tremendo tumor en el cerebro que causaba la casi completa pérdida de la vista. Poco a poco la va recuperando, a sólo unos días post-cirugía nos seguía perfectamente con la mirada. Y con ella también nos contaba todo.

Llegamos hasta ahí gracias a Héctor Patishtán, hijo del profe, quien tenía tan sólo cuatro años cuando su papá fue apresado; con esa misma mirada de reconocimiento nos recibió a la entrada del Instituto con el pase en la mano mientras cubría su boca: ojalá puedan pasar los dos y platicar con él, pero sólo tienen hasta las cinco, nos advirtió. Y pasamos.

No hablo de acciones ingenuas, tampoco de una recompensa en el más allá. Hablo de algo tan terrenal y tan arenoso como la espinaca. Tan real como la tierra. Tan real como el acero. Tan real como la sangre. Tan real como la vida.*

Por Xilonen Pérez

 

[1] La hija de Alberto y Cecilia Santiago, quien forma parte del movimiento de solidaridad con el movimiento huelguístico y por la libertad de Alberto Patishtan Gómez. Ver En este país los inocentes son culpables

* Palabras de Mumia sobre el confinamiento en solitario, 14 de septiembre, de Mumia Abu Jamal, preso político afro-estadounidense

There are 2 comments

  1. Sididh 2.0 Actualizando el Estado de los Derechos Humanos – Este 22 de octubre los medios destacan

    […] Charla con el Profe/Agencia Subversiones Un ambiente azul claro y color crema, entre batas y médicos, es lo que ahora ronda a Alberto Patishtán; cansancio, hartazgo, impaciencia, rutina, tedio. El sonido de la máquina que registra los signos vitales, ese que indica si una persona está viva o muerta con un timbre intermitente o prolongado, respectivamente, agobia los oídos extraños: tun… tun… tun… […]

  2. eugenia ogarrio

    que alegría saber que el profe está poco a poco recuperando la vista. ojalá y muy pronto también recupere la ibertad.

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