Mujeres refugiadas en México: tres testimonios

Fotografías: Amaranta Marentes Orozco

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Mujeres refugiadas en México

En el marco del Día Internacional de la Mujer Trabajadora, Casa de los Amigos en colaboración con La Casita del Refugiado, presentaron el testimonio de tres mujeres que por diversas razones han llegado a este país. Tres mujeres de diferentes edades, países de origen, formas de ver el mundo, se presentaron y contaron sus historias.

La primera en charlar fue Doña Eva, la mayor de las tres. Ella llegó de El Salvador a consecuencia de la guerra civil desatada y la pérdida de uno de sus hijos de tan sólo 17 años, tras lo cual, el ejército comenzó a perseguir a toda la familia, así que consiguieron la visa mexicana y llegaron al país por Belice. Lleva en México 30 años. Ha reconstruido su vida y sus días aquí. Con ella llegaron su esposo y dos hijos, una niña y un niño. Doña Eva cuenta que al llegar tuvo mucho apoyo por parte de organizaciones eclesiásticas y de Sin Fronteras, sobre todo en el área psicológica.

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La señora Eva llegó de El Salvador hace 30 años

Comenta que el proceso de adaptación al nuevo país no les fue tan difícil, ya que todos los integrantes de la familia conocían algún oficio, por lo que pudieron trabajar relativamente pronto, aunque al principio, la falta de papeles rezagó el proceso. Doña Eva se dedica a la costura.

Menciona que en la actualidad trabaja con el Grupo Monarcas, que se dedica a ayudar a migrantes y refugiados, no de forma económica, pero sí con el proceso de adaptación y otros temas que afectan a los recién llegados. Con un tono firme concluye: “A mis 80 años, sigo luchando”.

La siguiente en hablar es Elra, mujer venezolana que lleva en México un año; llegó con su hija de 6 años y cuenta que al entrar en el país fue directo a la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR). A pesar de que rápidamente le dieron la estancia como refugiada en México, los trámites para lograr obtener los papeles le llevaron siete meses. Para Elra el proceso de adaptación ha sido muy difícil y enfatiza la dificultad para conseguir empleo, así como la discriminación que ha sufrido por ser extranjera y tener un acento distinto. “El español no es el mismo, ni los modismos, ni las reglas de buenos modales”, asevera.

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Elra llegó de Venezuela

Comenta que en México “son muy recelosos con la comida” y también que ha podido observar un nacionalismo exacerbado en las fiestas del 15 de septiembre.  También cuenta la desesperación que ha sentido al atravesar los procesos que implican trámites burocráticos, ya que al buscar empleo, y a pesar de tener todos los demás papeles en regla, sin acta de nacimiento no es posible conseguir trabajo.

La última en tomar la palabra es Leida, la más joven de las tres mujeres presentes. La acompaña en brazos su hijo Manuelito. Ella viene de Honduras, y narró las dificultades que tuvo para llegar al país. Con los ojos llenos de lágrimas dice: “Dejar a mi familia fue lo más duro para mí”, recalca que a eso no ha podido acostumbrarse, y que, a pesar de verlos vía electrónica con la mayor frecuencia posible, a veces no se puede concretar la visita virtual.

Platica que al cruzar El Salvador los oficiales se pusieron muy cautelosos con los papeles del niño, ya que el tráfico infantil es una preocupación. Gracias a que tenía todos los papeles en regla pudo pasar sin mayor problema. Recuerda que el viaje duro seis días en camión o “picabus”, como, aclara, se dice en Honduras. Sobre las diferencias con su país menciona que la comida es tan distinta que extraña el sabor de su tierra.

Leida y Manuelito vinieron de Honduras

Leida narra que su mayor preocupación al llegar, era vacunar a su niño, pero que al principio no pudo hacerlo por la falta de papeles. Atravesó una situación angustiosa hasta que logró tramitar el acta de nacimiento y CURP del niño. A pesar de que en 2011, en la Constitución se refuerza el derecho humano a la salud, sin importar distinción, no le vacunaban al niño, señaló la presentadora del evento.

Cuando contó con los papeles, tras realizar los trámites necesarios, Manuelito pudo tener todas las vacunas al día. Desde entonces su problemática se ha centrado en la dificultad para encontrar trabajo. Comenta que por lo menos su marido ya tiene en qué trabajar, y Leida, en ese sentido, se siente más segura que en su país, pues allá la situación laboral es mucho más compleja.

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Los asistentes atienden a los testimonios

 Al terminar la escucha de los testimonios, se realizó una ronda de intervenciones por parte de los asistentes, y en una de las participaciones surgió la duda por la diferencia entre ser refugiado y migrante; la presentadora del evento cuestiona a las tres mujeres “¿qué es ser refugiado?” Doña Eva contesta: “Es miedo”. Las tres mujeres concuerdan con que la diferencia entre ser migrante y refugiado consta en la forma en que se tiene que salir huyendo del propio país. “Es dejarlo todo –dice Elra– y buscar donde puedan recibirte y ayudarte.”

José Luis, de La Casita del Refugiado, comenta que cada vez el trabajo es más difícil, que hay gran necesidad de que la población civil se involucre y apoye la causa, ya que “los gobiernos se lavan las manos” y agrega: “Si un refugiado es deportado, a diferencia de un migrante, su vida está en peligro.”

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