Ser mujer: de faldas cortas y dignidades

Hace tiempo que tendría que haberme sentado a escribir esto. Hace tiempo, meses, casi un año, que pienso esto y por alguna razón, que posiblemente podría endilgar a lo molesto, mejor dicho abrumante, del asunto, no lo he hecho.

Yo no me considero feminista, no por algo en específico sino que simplemente no me he detenido demasiado a pensar en el asunto.

Sin embargo el año pasado ocurrió algo en mi vida que me ha tenido dando vueltas la cabeza.

¿Qué se siente ser mujer?

Verán, el asunto es lo que me pasó con mi ser mujer, porque de pronto resultó que todo mi espacio, mi esencia, mi existir en este mundo se sintió violentado en lo más hondo por este hecho.

Entramos. El lugar era un “teibol bien”. Unx pagaba su entrada y tenía incluso una cerveza gratis. Mirando hacia el fondo no alcanzaba a ver el otro lado, pero había muchísimas mesas con sus sillas y una barra llena de espuma en donde dos chicas llevaban a cabo un “espectáculo”.

Nuestro grupo estaba formado por cuatro mujeres y dos hombres. Fuimos derecho hasta una mesa y ahí nos sentamos. No recuerdo los demás pero yo, no bebí nunca ni pedí la cerveza de “cortesía”, estaba demasiado impactada.

Debimos haber estado aproximadamente una hora sentados. Nadie dijo nada. A nuestro alrededor decenas de muchachitas, cuya mayoría de edad, en muchos casos, era bastante cuestionable, se paseaban de un lado al otro en minúsculas prendas permitiendo ser manoseadas a cambio de un dólar.

Por el altavoz un “comentarista” describía las escenas más obscenas que tenían lugar en el sitio, a la vez que editorializaba con comentarios tan “agradables” como: “Miren la calidad de mujeres que tenemos aquí, no como las tarántulas que tienen en sus casas”.

Me detengo un momento porque, no es la desnudez lo que me parece profundamente violento, no es la sexualidad, para nada. Lo que sentí tan terriblemente violentada aquella noche, fue mi dignidad. Sentí como si mi moral recibiera una paliza brutal, como si cada golpe, cada mujer desaparecida o asesinada por el hecho de ser mujer, cada chica violada, cada manoseada en el metro o en un teibol, cada “pinche vieja” me cayeran encima a golpes. Puedo imaginar mi conciencia con los ojos morados, el labio roto. Al día siguiente todos sentimos una especie de cruda existencial.

Cuando esas mujeres, muchas de ellas niñas, se ven obligadas a convertirse en un pedazo de carne “de mejor calidad”, todas, y más bien todos, estamos siendo humillados en nuestro ser, en nuestra humanidad. ¿Qué es esto?

Ahora mismo, al escribir, vuelvo a sentir como toda esa basura se me revuelca dentro y me dan ganas de vomitar. Me indigna. Creo que puedo afirmar que no ha pasado una semana desde entonces en que no haya pensado en el asunto, creo que en mi ser mujer, es decir persona, hay un antes y un después. Una sabe que existe, verlo, saberlo, ser testigo de lo que implica, con cada sentido, es una chingadera, no se me ocurre una palabra más suave.

En México ser mujer es peligroso, eso es. Peligroso, porque es una justificación para que otros te miren como objeto, te manoseen, te acomoden una madriza inolvidable o te maten como si nada, porque “nadie” hará nada.

Es desgastante tener que demostrar que sí, que puedes jugar fútbol, trabajar. Es atroz y un golpe a lo más esencial asumir tu vida como un “algo” al que puede metérsele mano; también lo es el “simple” hecho de saber que hay quienes por nacer con condiciones biológicas determinadas han sido forzadas a soportarlo. No hace falta que te pase, duele con un dolor insoslayable, cuanto más debe serlo cuando te ocurre a ti o a alguien que amas.

“Nadie hará nada” o al menos con eso cuentan

Ser mujer en México, ser mujer y levantar los ojos y usar una falda a la rodilla o más corta aún, porque te gusta, ser mujer y usar escote, sentirte linda y andar por una calle intentando mandar el miedo a la chingada porque no es natural que lo sientas y porque tienes dignidad, es incuestionablemente un acto de resistencia. No debería serlo.

Fotografía: Pedro Anza

Fotografía: Pedro Anza

Pienso en mi amiga Alba, tal vez la más coqueta de todas, y me da orgullo. Se sabe sensual en su feminidad, lo disfruta y no teme mostrarlo y con esa actitud que con frecuencia se me antoja “valiente” va diciéndole a todos: Soy y qué. Y en ella, cada vez que se defiende, que se disfruta, renace un poco ese orgullo que no sólo a las mujeres pretenden pisotearnos.

Yo soy mujer, y esa condición, esas características con que nací no son un impedimento para que haga lo que quiera. Y así mismo sé también perfectamente, que yo lo digo porque puedo, porque no trabajo en un bar de mala muerte en la frontera jugándome la piel, literalmente, cada día ¿Qué clase de país es éste?

Feminicidio, tremenda palabra por su simple existencia. No sé, yo también digo hoy NI UNA MÁS y sigo pensando que no basta, que algo hay que hacer, algo se nos tiene que ocurrir, es increíble, en el peor de los sentidos, que vivamos así, la humanidad entera, lo verdaderamente humano. No puede ser, este texto es incerrable, ha de ser por tanto espanto.

There are 3 comments

  1. Adrián Jiménez

    Estoy totalmente de acuerdo contigo,solo este párrafo me causa polémica: “Cuando esas mujeres, muchas de ellas niñas, se ven obligadas a convertirse en un pedazo de carne “de mejor calidad”, todas, y más bien todos, estamos siendo humillados en nuestro ser, en nuestra humanidad. ¿Qué es esto?”.
    Yo pensaba igual, pero existen mujeres, transexuales, hombres, que les gusta su actividad y la defienden, el trabajo sexual, y luchan por democratizarla y quitarle la explotación que ejercen las madrotas y padrotes, ejemplo de ello la red nacional de trabajo sexual, brigada callejera de apoyo a la mujer “Elisa Martínez”.

    1. Esa De Verde (@EsaDeVerde)

      Hola Adrián, estoy de acuerdo con tu observación, por eso puse el “obligadas” pero es posible que me haya faltado claridad ahí, así que gracias por señalarlo. Es un gran trabajo el de brigada callejera… por ejemplo. Saludos y gracias por leerme y comentarme. Valentina

  2. José Luis Valdés

    Es deplorable lo que pasa con nuestras mujeres en México. Pero lo peor, si es que haya algo peor que lo implica lo que aquí se narra. Es que los hombres de México, no hemos sabido defenderlas y cuando un pueblo no defiende a sus mujeres, no defiende nada. Es un pueblo sin dignidad, me duele decirlo, pero así es como yo lo veo.
    Por eso, nos han quitado de la forma más vil e indolente todos los recursos económicos que pudiesen haber sacado de la pobreza a todo el país.
    Por eso se ha traicionada a los que de verdad luchan, para que haya un cambio verdadero, el pueblo, les voltea la espalda, por un plato de lentejas. Dejado solos a hombres de principios, hombres y mujeres con valor y dignidad.
    Por eso, nuestras mujeres en México, corren un gran peligro, porque nadie las defendemos….!!!!
    QUÉ IGNOMINIA, QUÉ VERGÜENZA…!!!!

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