Todo ecocidio es epistemicidio. En la montaña de San Francisco Xochicuauhtla saber-es resistir

Por Colectivo Raíces[1]

He aquí en pocas palabras algunos de los fundamentos ontológicos del filosofar maya tojolabal. Se reúne en el nosotros con sus ramificaciones múltiples: la intersubjetividad, la nosotrificación, el antisolipsismo, el saber escuchar, el hecho de que todo vive y no somos más que un tipo de seres vivientes entre muchos otros. El nosotros es el gran nivelador de equidad y justicia que no distingue a los de arriba de los de abajo. La educación es el mecanismo procesual de nosotrificación en el cual todos aprenden, todos comparten sus conocimientos y aportan su sabiduría.

Enrique Dussel

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Hoy, como hace quinientos años, se construyen otros mundos desde abajo, muy diferentes a la triste caricatura que el Norte hegemónico nos ofrece. En San Francisco Xochicuauhtla, la construcción de un mundo alterno evidencia la existencia de la dignidad de las luchas por la vida en defensa del bosque otomí-mexica. Resistencia de los que guardan su memoria, de los que protegen su tierra y tradiciones, de los que reivindican su cultura y hacen algo por conservarla. Desde hace siete años, el pueblo de Xochicuauhtla resiste la imposición del proyecto carretero privado “Aeropuerto de Toluca-Naucalpan”. A la luz de nuestras palabras, es decir, de las de nosotros los otros que combatimos los intereses neoliberales y colonialistas, se tejen voces de resistencia y se prefiguran proyectos antagónicos a los intereses de quienes están pensando el destino de nuestros calendarios, geografías y de los ritmos de nuestras vidas desde lujosas oficinas en el gobierno y las empresas. Nuestras palabras, escritas y habladas, son palabras de lucha que, mientras más se acercan a la comunidad de Xochicuautla, se constituyen en una brújula a partir de la que es posible reconocer que el Sur, nuestro Sur, es un Sur antiimperial. Nosotros, como pueblo en resistencia tenemos la posibilidad de construir desde nuestros mundos abajo y a la izquierda alternativas y argumentos para pensar y actuar más allá de los capitalismos y colonialismos globales.

Xochicuautla es un pueblo indígena que lucha por la vida y que, a partir de su esto le da sentido a sus saber-es y a su vida. Es un pueblo cuya resistencia reposa en la utopía de construir Estados plurinaciones en los que se reconozca que las culturas, los territorios, ríos, manantiales, árboles, aves y lo que la tierra nos brinda no son mercancías. Xochicuauhtla no se vende: se ama y se defiende. En la montaña de Xochicuauhtla saber-es resistir y nosotros resistimos.

El estado neoliberal y sus políticas de guerra violentan la memoria con el olvido y se apropian de lo comunitario. Se procura imponer la propiedad privada e individual dejando a un lado la forma ejidal de propiedad. Una vez que las comunidades caen en el juego de la propiedad privada, sus pobladores son obligados a vender sus terrenos y el bosque se convierte en una mercancía. Si la comunidad es suficientemente consciente para intentar frenar estos procesos, los empresarios y políticos recurrirán a la fuerza pública, la criminalización y otro tipo de presiones legales y económicas. Todas estas presiones y artimañas se han puesto en marcha en Xochicuauhtla con el objetivo de poner las montañas al servicio de las empresas privadas. En este caso la destructora PRI-vilegiada AUTOVAN que, desde el año 2000, ha intentado sistemáticamente ingresar a territorio otomí para concluir el proyecto que pretende destruir 600,000 metros del bosque otomí-mexica y los lugares sagrados de los pueblos otomíes de los Altos de Lerma.

Enrique Peña Nieto, siendo gobernador del Estado de México, decidió concesionar a algunos de los suyos premiando a la destructora AUTOVAN con un tramo de carretera que, de concluirse, uniría el aeropuerto de Toluca con el municipio de Naucalpan. El lunes 13 de mayo de 2013 se realizó una asamblea ilegal que policías y granaderos federales, estatales y municipales se encargaron de cercar para asegurar una audiencia completamente a favor de la venta y concesión del territorio otomí de Xochicuauhtla. El lugar fue clausurado para permitir el acceso a la asamblea sólo a ciertos comuneros que ya habían acordado vender las tierras a través de un convenio firmado el 11 de noviembre de 2011. En dicho convenio los llamados comuneros aceptaban el pago de 160 pesos por metro cuadrado a cada afectado y 40 mil pesos a cada comunero.

De esta forma, para evaluar las acciones de la destructora AUTOVAN, hay que partir de las ausencias que produce e intenta producir constantemente. De los silencios que sus acciones procuran, y que son justo las voces del pueblo. Así, la Secretaría de Seguridad Ciudadana del Estado de México ha salvaguardado las decisiones que, a la distancia, toma un puñado de particulares con fuertes intereses económicos en la región. “Nos dicen y dicen –menciona una comunera– que es para que nos desarrollemos, que el progreso y cuánta madre, que, chingá, nos vamos a desarrollar si ni vamos a poder pasar, esa chingadera es privada”.

Un día después, el martes 14 de mayo a las ocho de la mañana, entró maquinaria propiedad de la empresa Autobahn S. A. de C. V., al terreno que forma parte de las propiedades privadas. Esto ocasionó un enfrentamiento entre pobladores de la comunidad otomí de San Francisco Xochicuauhtla y el personal de la empresa, mismo que culminó con la detención de once personas, en su mayoría mujeres: Silvia Domínguez Martínez de 49 años, Basilia Pérez de la Cruz de 54 años, Meliton Ortega Villavicencio de 55 años, Zaret Ortega Pérez de 20 años, Jesús Esteban Ramírez de 62 años, Francisco Flores Gutiérrez de 48 años, Rosa Santos Bermúdez de 68 años, Lidia Gutiérrez Santos de 32 años, Hilda Gutiérrez Santos de 29 años, Octavio Morales Alfaro de 42 años y Margarita Hernández Mejía. Estas personas  fueron trasladadas a la Procuraduría General de Justicia del Estado de México, ubicada en José María Morelos oriente 1300 San Sebastián, 50090 Toluca de Lerdo, Estado de México, bajo cargos aún desconocidos.

Es importante señalar la contribución y participación del Frente de Pueblos Indígenas en Defensa de la Madre Tierra y del Frente Juvenil Xochicuauhtla. Ambas organizaciones son dos importantes puntos de quiebre, que han logrado transmitir fuertes argumentos en contra de la continuidad fraudulenta de las políticas neoliberales de los menos que mucho tienen. Como dicen las consignas que se escuchan comúnmente en la región: “Que viva el consejo supremo indígena de San Francisco Xochicuauhtla, que vivan los pueblos que luchan”.

De territorios sagrados a carreteras, los capitalistas arrebatan y arremeten contra el bosque otomí y, acostumbrados a ponerle precio a todo, pagarán por su “derecho” a seguir destruyendo: ocho pesos por cada árbol que pretenden derrumbar junto con la diversidad de saber-es en resistencia. Las cifras que se manejan son de 19 mil pesos a los comuneros y de 45 mil a algunos otros “integrantes” de la comunidad que insisten en vender por ser los más beneficiados. Todo esto en nombre del desarollo pues a los pueblos indígenas y sus territorios libres el discurso capitalista los considera subdesarrollados. Se trata de una más de las historias del extractivismo con rostro y apellido, que defiende los intereses de empresarios y políticos, pero que, detrás de ellos está la historia de hace ya muchos años: el capitalismo del despojo y la destrucción.

El fuerte operativo policíaco para defender la aprobación del proyecto, desde el principio daba muestra de las irregularidades que, adentro de la delegación, intentaban someter el destino de un pueblo entero por decisiones personales de algunos que, desconociendo sus raíces, les da la espalda. Como es costumbre también en la democracia a la mexicana, en la citada asamblea votaron más de los que asistieron, además de que el sello con la que se pretendía firmar, era falso. Debido a ese sinfín de irregularidades y abusos, los que resisten al proyecto cancelaron la asamblea y continuaron la organización. Han recurrido a distintas acciones que van desde las legales hasta la organización de jornadas culturales y de información. Esto con el objetivo de fortalecer el tejido comunitario y concientizar a sus vecinos sobre la importancia que tienen el bosque y la montaña para sus vidas. Gracias a estas acciones, el proyecto pareciera estar dando marcha atrás. Pareciera que el movimiento de un pueblo con una patria grande y cultura ancestral hace temblar a los intereses capitalistas. Es un pueblo que se conecta con las cadenas montañosas y que lucha por lo verdadero, por un bosque que tiene voz y rostro. Xochicuauhtla es un pueblo en el que sus pobladores tienen memoria, por lo que defienden la vida y dan voz a su bosque.

[1]  “Colectivo Raíces”, Metepec y Toluca, Estado de México. Caminos de resistencia que nos llevan a ser en el Sur de nuestro valle, el Sur de nuestras montañas, gigantes populares con posiciones éticas y consecuencias políticas definidas. En nuestras palabras decimos saber-es resistir y nosotros sentipensamos la resistencia.  Contacto: heterologia@hotmail.com.

Bibliografía:

  • Bagú Sergio, Tiempo, Realidad social y conocimiento. Siglo XXI, 2008.
  • Bartra, Roger, Territorios del terror y la otredad. Siglo XXI, 2013.
  • Dussel, Enrique, Filosofía de la liberación. FCE, México, 2011.
  • Sousa Santos, Boaventura, Una Epistemología del Sur, Siglo XXI, México, 2009.
  • Sousa Santos, Boaventura, Refundación del estado en América Latina, Perspectivas desde una epistemología del sur, Siglo XXI, Méxi

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