“Nosotros somos la frontera”*

Por Camilo Pérez Bustillo

*Lema en la movilización del movimiento de migrantes en Las Cruces, Nuevo México el sábado 5 de octubre de 2013, por el derecho a la ciudadanía y contra la militarización de la frontera, como parte de un día nacional de lucha “por la dignidad y el respeto”, con la realización de marchas y vigilias en más de 150 ciudades en 41 estados.

Dedicado a mi querida hija Xilonen, periodista independiente,  injustamente golpeada por los “defensores del orden público” en el DF el 2 de octubre, por el delito de ejercer el derecho a informar, y por atreverse a soñar con un país mejor.

Acaba de naufragar en el mar Mediterráneo, a cientos de metros de la costa de la isla italiana de Lampedusa, a más de medio camino de los aproximadamente 205 kilómetros entre Sicilia y las costas de Libia y Túnez en el norte de África, un barco con más de 500 migrantes indocumentados abordo, principalmente de origen somalí y eritreo. Se han rescatado hasta ahora[1]  155 sobrevivientes (44 de ellos menores de edad), y 111 cuerpos de los ahogados- 58 hombres, 49 mujeres, varias de ellas embarazadas, y 4 niños- y siguen desaparecidos más de 250 otros.

Incidentes de este tipo son ya rutinarios en los caminos marítimos de acceso a la “Fortaleza Europa” que han sido militarizados por la patrulla fronteriza de la Unión Europea denominada FRONTEX: se calculan[2] más de 25,000 muertos bajo circunstancias similares durante los últimos 20 años (aproximadamente 8,000 de ellos en los alrededores de Lampedusa), y unos 1,700 en el transcurso de 2012.

En todo el mundo los muros se multiplican. En los últimos años ha habido varios casos semejantes a el de Lampedusa, de naufragios en las aguas internacionales entre Australia e Indonesia con cientos de muertos adicionales, principalmente de origen afgano e iraquí. Y a esto habría que sumar también el promedio de un muerto por día de migrantes en camino hacia Estados Unidos desde la entrada en vigor del TLCAN en enero de 1994, más de 6,000 en total.

Hay cientos de miles de migrantes potenciales de origen africano y árabe que se han visto orillados a las rutas y embarcaciones más peligrosas como resultado de la intensificación de medidas de intercepción de estos flujos, al cerrarse las puertas de Europa a la migración legal desde países externos a la estructura de la Unión Europea y sus 28 estados miembros (desde el Reino Unido hasta Grecia). Estas medidas han incluido la culminación reciente de la construcción por Grecia de un nuevo muro a lo largo de su frontera terrestre con Turquía, que parece haber contribuido a un aumento significativo en el flujo de embarcaciones clandestinas por el Mediterráneo, tanto entre el Norte de África e Italia como por la periferia de España.

Todo esto a su vez aumenta exponencialmente la rentabilidad del tráfico humano como negocio masivo dependiente de la complicidad y co-responsabilidad de sectores claves de los estados involucrados de origen, tránsito, y destino. Son, en el fondo, las mismas condiciones estructurales que produjeron el escenario que hizo posible la Masacre de San Fernando y las fosas comunes en  el contexto mexicano, gracias al contubernio entre autoridades estadounidenses y mexicanas y la delincuencia organizada protegida en las regiones fronterizas de ambos países.

Muchos de los migrantes que han naufragado en camino a Lampedusa- o Australia- vienen de países agobiados por conflictos armados atizados por el intervencionismo occidental como Somalia, Eritrea, Siria, Iraq, y Afganistán, y deberían ser considerados como personas susceptibles de protección como refugiados a raíz de diferentes tipos de persecución (política, social, religiosa) prevalecientes en sus  países de origen. Uno de los principios básicos del derecho internacional humanitario es el derecho de los solicitantes de refugio a que se evalúe debidamente su derecho a este tipo de protección internacional, y al “no retorno” (o “non-refoulement”) forzoso a sus países de origen. Los operativos de FRONTEX no suelen detenerse en matices de este tipo.

La muerte de los migrantes: Fruto de las políticas dominantes

Todo esto reproduce los mismos patrones característicos del paradigma dominante de políticas migratorias que ha sido impuesto por los Estados Unidos (América Latina y el Caribe), la Unión Europea (África y Medio Oriente), y Australia (Pacífico Sur) en sus esferas regionales respectivas de dominación.

Las características convergentes de este paradigma incluyen: (1) la subordinación de las políticas migratorias a los supuestos imperativos de la “seguridad nacional” (“securitización” de estas políticas y la militarización de las fronteras, que necesariamente implican la “criminalización” de los flujos irregulares y sus protagonistas humanos) y del “libre comercio” (“mercantilización” de las y los migrantes como fuentes súper explotadas de  ganancias y de remesas), (2) y su “externalización” (extensión extraterritorial más allá de las fronteras del estado generador de estas políticas, por ejemplo desde Estados Unidos hacia territorio mexicano, y desde México hacia los países de origen de flujos claves desde la región mesoamericana o andina), y (3)  “regionalización” (adopción por países de tránsito, como México en el contexto latinoamericano; Marruecos o Libia, en el contexto del norte de África, o Indonesia en el contexto del Pacífico Sur, de políticas diseñadas para reprimir los flujos irregulares, en complicidad con políticas afines impuestas por conducto del TLCAN, del CAFTA, del Plan Colombia, y del acuerdo incipiente trans Pacífico de integración económica).

Nada de esto detiene, y sólo transitoriamente disminuye o reconfigura, los flujos masivos persistentes desde los países de origen despojados por la globalización neoliberal capitalista en todas sus diversas expresiones, que han sido descritos como una “rebelión pacífica contra la pobreza” por funcionarios rebasados en países de tránsito como Senegal en África occidental, donde han sido infructuosos los intentos de prohibir la construcción de embarcaciones clandestinas.

La globalización del movimiento de migrantes como alternativa

Mientras tanto, las pantomimas de los poderosos siguen intentando nublar el dolor, la indignación, y la resistencia de los desposeídos, a escala mundial.  Un ejemplo reciente es el “Diálogo de Alto Nivel sobre Migración y Desarrollo” que acaba de concluir el 4 de octubre en la sede de la ONU en Nueva York, y que se realizó dentro del marco de las sesiones anuales de su Asamblea General.

Este “Diálogo” tiene su origen en la consolidación de espacios de definición e imposición de políticas migratorias represivas a escala mundial como el Foro Mundial sobre Migración y Desarrollo (FMMD),que han promovido el paradigma hegemónico centrado en la securitización de las políticas migratorias y en la criminalización y mercantilización de los migrantes como caras complementarias de la misma moneda. Estos espacios están dominados por los estados miembros del organismo (especialmente a los gobiernos de estados claves de origen como México, y a instancias como el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio), y excluyen la participación plena de los sectores organizados de los movimientos de migrantes que han surgido en todo el mundo. La mayor parte de las ONGs involucradas en estos temas le han entrado al juego, batallando en el mejor caso por trasmitir algún mensaje crítico en los espacios marginales de participación acotada en reuniones de este tipo para representantes de sectores de la “sociedad civil”, en foros y mesas sin incidencia real.

Mientras tanto se van consolidando espacios alternativos como la Asamblea Internacional de Migrantes y Refugiados (AIMR) promovida por redes como la Alianza Internacional de Migrantes (AIM, en inglés International Migrants´ Alliance- IMA), que han logrado convocar sectores claves de los movimientos de migrantes más independientes y críticos en Nueva York en los últimos días, y previamente en Manila (Filipinas) y en México. Esto ha incluido la organización de los primeros tribunales de conciencia enfocados a violaciones de los derechos de migrantes a escala mundial en México (2010) y Manila (2011), y ha nutrido procesos todavía en curso como los promovidos por el Eje sobre Migración, Refugio, y Desplazamiento Forzado del capítulo México del Tribunal Permanente de los Pueblos (TPP).

Es en espacios de este tipo donde se han podido tomar los primeros pasos para posicionar el reclamo por el pleno respeto a los derechos a la verdad, justicia, reparación, y no repetición de crímenes de lesa humanidad como los naufragios en Lampedusa y en los alrededores de Australia, y la Masacre y las fosas comunes en San Fernando (México,) como casos entrelazados que reflejan las mismas políticas y patrones subyacentes. Sólo una toma de conciencia y lucha mundial coordinada entre los movimientos referidos y sus aliados hará posible revertir las políticas que producen este tipo de crímenes.

La respuesta del estado italiano al naufragio más reciente en Lampedusa resume las tendencias mundiales sugeridas aquí. Por un lado se ha anunciado que se procederá penalmente contra los 114 sobrevivientes de edad adulta por el “delito” de “inmigración clandestina” (que conlleva la expulsión del país y la imposición de una multa posible impuesta de hasta 5,000 Euros), a la misma vez que se les ha concedido el derecho a la nacionalidad italiana, post mortem, a los que perdieron su vida en el naufragio. Sólo la muerte tiene papeles.

Es por todo esto también que llegó recientemente el Papa Francisco a Lampedusa para clamar contra la “globalización de la indiferencia” reflejada en el holocausto persistente ahogado en sus mares circundantes, y que la alcaldesa de Lampedusa, Giusi Nicolini, haya preguntado en su carta reciente dirigida a la Unión Europea “¿Cuán grande tiene que ser el cementerio de mi isla?”; y que los defensores de migrantes en Italia, como los de México, han insistido en que quieren acogerlos “vivos, no muertos”.  Y que llevarán los próximos muertos a las puertas del parlamento nacional (ídem, El País, nota 2).

Esto mismo tendríamos que hacer nosotros aquí, también, por toda la frontera norte, y en Los Pinos. Hasta que por fin cesen estas muertes y estos sufrimientos, y puedan descansar nuestras conciencias.

Nuestras conciencias son la última frontera.

 

 


[1] http://internacional.elpais.com/internacional/2013/10/05/actualidad/1380999528_613934.html

[2] http://www.nytimes.com/2013/10/04/world/europe/scores-die-in-shipwreck-off-sicily.html?pagewanted=2&hp

¿Qué opinas?