Kurikuaeri kúinchekua o el Fuego Nuevo

Por Karla H. Mares a partir del texto de los pueblos purépechas jiuakuarhikua

Kurikuaeri kúinchekua es la fiesta en donde los pueblos p’urhépechas celebran el Año Nuevo desde hace 30 años (1983). La festividad nace como un proyecto cultural en donde diversas comunidades de 4 regiones p’urhépechas de Michoacán, se reúnen en honor de Ticupacha, Dios del Fuego Cósmico.

Los pueblos p’urhépechas se reconocen desde la época prehispánica como hijos del fuego. Fuego que se encarga de dar luz, calor y energía para crear las condiciones adecuadas para producir maíz, frijol, hongos, nopales, quelites, calabazas, etc. Y que le da vida a árboles, mares y lagos “con peces en abundancia”.

Para los pueblos p’urhépechas el año está conformado por un aparecer y un desaparecer del Sol, lo que hace un día, y después de juntarse 20 días, se forma un mes, hasta juntarse 18 meses y 360 días. Los últimos 5 días del año son en los que se renueva el Fuego Nuevo.

Durante la primera noche de la fiesta se realiza una velación hasta las 4.30 de la mañana que significa el resguardo “con reflexión y conexión” con el cosmos y que termina con el primer lucero de la mañana. Para de ésta manera agradecer los primero rayos del sol (Kurikuaeri), que brindan frutos al pueblo. “Es el momento de morir para nacer y nacer para morir”.

Cada año la sede de la fiesta cambia, y la comunidad anfitriona es la encargada de la la sede, como una forma de reconocer el territorio purépecha. Cada comunidad anfitriona se encarga de ofrecer los mejores platillos de comida, se observa la danza, se escucha la música y se juega el uarhukua, juego purépecha.

Un siglo indígena consta de 52 años, por lo que los pueblos lo dividieron en cuatro, para que durante 13 años la fiesta se dedicara a la madre tierra, los siguiente 13 al agua, los siguientes al viento, para que los últimos años sean en honor al fuego, cuando se cumple un siglo.

Conforme pasan los años, las comunidades incorporan nuevos elementos simbólicos, ritos y ceremonias. Lo que permanece presente a través de los años es el pensamiento de servicio. Servicio a las fuerzas, a los poderes, a las energías divinas, a las divinidades. Servir a la comunidad mediante cargos y servir a la gente.

De esta forma retoman los dos mandamientos de sus antepasados purépechas: Traer leña para mantener e fuego encendido día y noche en las casas y los templos y dar de comer a los dioses.

“Todas las criaturas humanas somos de la misma naturaleza, nadie es más grande y nadie más chico, nadie sabe más y nadie sabe menos, nadie es mejor y nadie es peor. La naturaleza es parte de la creación del universo. Somos un ente más en la tierra, somos hijos del Sol, somos el universo mismo. Nuestro cuerpo físico es un mundo de cosas animadas.

 

 

Fotografías por Andalucía Knoll, Karla H. Mares y Heriberto Paredes

 

There are 4 comments

  1. Gonzalo Ramos Aranda

    BANDERA P’URHEPECHA

    “Enseña de un pueblo herido, . . . que nunca será vencido.”

    Provienes de noble cuna,
    Santa Fe de la Laguna,
    precioso, sagrado lienzo,
    preludio de un recomienzo.

    Las costuras, que te enmarcan,
    tu virtuosismo resaltan,
    reminiscencia de amores,
    cuatro campos de colores.

    Ciénega, tinte morado,
    Maíz, manjar adorado,
    que se preserve el idioma,
    materna lengua que aroma.

    Azul, la Región del Lago,
    pescado blanco, un halago,
    Yácatas en las riberas,
    memoria de viejas eras.

    Once Pueblos, la Cañada,
    luz de amarillo, . . . bañada,
    el Río Duero, serpenteando,
    la vida fertilizando.

    Meseta, bosques serranos,
    el verde y madera, hermanos,
    su fecundidad, promesa,
    de inestimable riqueza.

    Un escudo, bello emblema,
    rematado por un lema,
    voz, Juchari Uinapekua,
    frase que, al verso, se adecua.

    Significa: nuestra fuerza,
    palabras de raza tersa,
    simbolismo michoacano,
    herencia de un pueblo sano.

    Como el canto de un pireri;
    Dios del Sol, Curicaveri,
    transformado en obsidiana,
    fuego, brasa meridiana.

    Veinte flechas puntiagudas,
    medio cuerpo, sus figuras,
    hacia puntos cardinales,
    mensajes subliminales.

    Cuchillo, de piedra blanca,
    destino de esencia franca,
    filo que termina en punta,
    un puño, hacia el cielo apunta.

    Morena mano, cerrada,
    su poder será alborada,
    de aire, agua, tierra, fuego,
    por Michoacán es mi ruego.

    Tela de varias facetas,
    todas éllas muy concretas,
    primeramente nacer,
    después, en el bien crecer.

    Reproducirse, morir,
    a la eternidad partir;
    fiel, . . . P’urhépecha Bandera,
    a nuestra estirpe libera.

    De injusticia, de miserias,
    de traiciones, de tragedias,
    etnia de ancestrales sabios,
    olvidemos los resabios.

    Vinculados a Quiroga,
    con vigor, que el llanto ahoga,
    pasemos el trago amargo,
    ¡hay que salir del letargo!

    Autor: Lic. Gonzalo Ramos Aranda
    Cherán, Michoacán, México, julio del 2011
    Dedicado al diseñador de la Bandera P’urhépecha, el pintor y muralista Don José Luis Soto González; réquiem a los indígenas asesinados el 17 de noviembre de 1979, en Santa Fe de La Laguna, por los ganaderos y guardias blancas de Quiroga.
    Reg. SEP Indautor No. 03-2016-070109301200-14

  2. Gonzalo Ramos Aranda

    Les comparto mi poema, inspirado en . . .

    KURHÍKUAERI K’UÍNCHEKUA
    “Leña de encino, de ocote, piedras, yesca, . . . el fuego brote.”

    Dios de la llama flamante,
    pindekua preponderante,
    caminata por los montes,
    resplandecer de horizontes.

    Transportado por cargueros,
    con destellos, con luceros,
    fogón de cuatro regiones,
    alumbrando corazones.

    En sede la recepción,
    ¡que viva la tradición!,
    guardar, resguardar la lumbre
    y velarla es la costumbre.

    ¡Gran festividad michhuaque!,
    la fecha en el almanaque,
    prehispánico es el ritual,
    la mitología ancestral.

    El simbolismo profundo,
    no a la destrucción del mundo,
    solo muere el astro viejo,
    dejando triste reflejo.

    Por el poniente fenece;
    mas . . . al oriente florece,
    el vigor y la pujanza,
    la existencia, la esperanza.

    Renacer del Sol creador,
    joven lleno de esplendor,
    fresco el día, ha comenzado,
    la vida se ha preservado.

    P’urhépecha ceremonia,
    ¡cultura que da la gloria!,
    ha iniciado el año nuevo,
    con encendido del fuego.

    Autor: Lic. Gonzalo Ramos Aranda
    México, D. F., a 25 de enero del 2013
    Dedicado a Tatá Javier Mellápeti Cuiriz
    Reg. SEP Indautor No. 03-2013-051712171201-14

  3. Katia Ilian Rodríguez

    Karla me parece muy interesante tu escrito e información ojalá pudiéramos los mestizos retomar y aprender nuestras tradiciones robadas si tienes fechas y el lugar para la próxima celebración estaría interesante lo pudieras compartir gracias y buena vida!!

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