Somos Maíz

Somos Maíz, somos muchos pueblos de maíz, somos carne, huesos, sangre y piel de maíz. Somos parte de la resistencia al proyecto de compra-venta de nuestros territorios y sus recursos naturales y humanos.

Este 29 de septiembre, celebramos el Día Nacional del Maíz, como un día en defensa de la dignidad que nos enseñaron los abuelos, así como el amor a la tierra, en la que ellos mismos sembraron miles de generaciones de sagrado maíz desde hace 10,000 años, desde esa pequeña plantita llamada teocinte, hasta las 64 razas mexicanas y sus miles de variedades. México es la cuna del maíz. Nuestro maíz es el símbolo de nuestras luchas, ya sean en defensa del petróleo, o los derechos laborales, o la defensa de nuestras soberanías, o la dignidad de los pueblos originarios, o la lucha por nuestros más básicos derechos humanos, porque el maíz es uno de los símbolos más trascendentales de nuestras distintas identidades.

Así como ocurre con el petróleo, nuestro Maíz es víctima de un proceso de privatización que a la par del sistémático abandono del campo (hoy importamos más de 13 millones de toneladas de maíz anual), lleva ya muchos años ocurriendo, desde la revolución verde y muy específicamente desde la firma del TLCAN en 1993, que a la sombra de gobiernos corruptos, se obedece a los intereses de empresas transnacionales como Monsanto. La esencia misma de nuestro Maíz está siendo vendida a estas empresas por medio de la investigación, con fondos públicos y privados (como el CIMMYT en el que colabora el gobierno federal, la Fundación Rockefeller, la fundación Bill y Melinda Gates y la Fundación Slim), de las distintas razas de maíz y sus variedades, así como de programas público-privados como MasAgro (en colaboración con el CIMMYT), que de manera engañosa, buscan generar el mercado semillero en México, mercado que no existía y que únicamente beneficia a las grandes transnacionales de las semillas, sepultando poco a poco la sabiduría de nuestros antiguos campesinos. Los maíces híbridos creados por estas empresas cumplen la función de ser la punta de lanza en la destrucción de la cultura campesina de la selección y almacenamiento de semillas, ya que generan la dependencia hacia la compra de la semilla y el paquete tecnológico que la acompaña, así el campesino se encuentra en un círculo vicioso de compra y la pérdida sistemática de su propia autonomía, envenenando la tierra con los agrotóxicos de la industria “verde”.

Hoy nos encontramos en una batalla histórica en defensa del maíz, no existe el precedente que vivimos, pues nunca se había amenazado el centro de origen de un cultivo y menos uno tan importante. El maíz se siembra alrededor de todo el mundo y es uno de los granos básicos en la alimentación de millones de seres humanos, así como de animales de granja. La estrategia de las empresas semilleras es clara, atacar por medio de la contaminación transgénica al cultivo del maíz y a los agricultores tradicionales, como ya lo hacen con las leyes de patentes a los agricultores norteamericanos. Las consecuencias podrían tener repercusiones fatales, pues serían las transnacionales poseedoras de las pocas semillas cultivables, llevando a la ruina al campo mexicano, así como miles de años de cultura y tradiciones, privatizando el maíz.

Nuestra soberanía alimentaria está siendo atacada con la introducción de productos extranjeros que viajan miles de kilómetros para llegar a nuestras mesas, cubriendo el 40% de la alimentación nacional, así como por empresas transnacionales que se han apoderado del mercado local de alimentos básicos, sustituyéndolos por alimentos altamente procesados e industrializados en cuyos casos, su valor nutricional es muy pobre. Productos con altos contenidos calóricos que están contribuyendo a la epidemia de obesidad y enfermedades asociadas a esta, así como enfermedades de todo tipo. En Estados Unidos por ejemplo, la lucha por el etiquetado de OGM´s, está siendo llevada por centenas de organizaciones y activistas sin ningún adelanto visible, en México este tema ni siquiera es mencionado, siendo que las materias primas transgénicas formulan hasta un 60% de los ingredientes de las principales marcas de alimentos desde hace ya una década (lecitina de soya, jarabe de maíz, piensos para alimentar ganado, etc.), habiendo numerosos estudios científicos que alertan del peligro para la salud humana del consumo de transgénicos, así como los pesticidas y agroquímicos asociados a ellos. En Europa se han obtenido avances significativos en el etiquetado de alimentos, demostrando que esta preocupación está fundamentada y debe atenderse de inmediato.

El sistema capitalista de libre mercado es la base que rige a las empresas nacionales y transnacionales y este a su vez, no tiene otra meta que no sea el “máximo beneficio”, aplastando la más mínima ética. Esta lógica, la lógica del capital, ha corrompido todos los niveles de gobierno desde mucho tiempo atrás, haciendo muy difícil el camino institucional. Así también, los medios masivos de comunicación han callado el tema al debate público, manteniendo en secreto los movimientos globales contra los transgénicos y los avances de las transnacionales en el campo mexicano.

Monsato, Syngenta, Dupont, Dow, entre otras transnacionales, tienen ya casi 6,000 hectáreas de cultivos piloto en el norte del país desde 2009, en estados como Chihuahua, Coahuila, Baja California, Durango, Tamaulipas, Sonora y Sinaloa y hasta el día de hoy, siguen pendientes los permisos de siembra a escala comercial por mas de 12 millones de hectáreas para Monsanto. Cabe señalar que es en estos mismos estados donde ya se siembra de manera industrial, los mismos maíces híbridos de estas empresas, disfrazados de otras marcas, facilitando el salto a la siembra transgénica, pues son grandes productores comerciales los poseedores de estas tierras. Es en esta dinámica que nos vemos obligados como sociedad civil organizada, a buscar maneras creativas de lucha y estrategias que hagan llegar la información faltante a la gente, pues es urgente hacer frente a la siembra de transgénicos en el país y comenzar el rescate de nuestra soberanía alimentaria. Es por estos motivos que exigimos a la SAGARPA no autorizar la siembra comercial de maíz transgénico y ningún otro cultivo genéticamente modificado, algodón (del cual México también es centro de origen), papa, soya, alfalfa, canola, tomate, etc. Exigimos la revocación de los permisos de siembra experimental de cultivos transgénicos en todo el país. Exigimos leyes de bioseguridad eficaces y programas para erradicar la contaminación transgénica ya existente en mas del 5% de los cultivos mexicanos. Exigimos que el gobierno federal informe de manera inmediata sobre el contenido de materias primas transgénicas en la industria alimenticia y se legislen leyes de etiquetado obligatorio sobre el uso de transgénicos en los alimentos, así como la investigación científica de los efectos en la salud humana de dichos productos. Exigimos al gobierno federal la revocación de los contratos con Nestlé y Pepsico en la “Cruzada contra el hambre”, por atentar directamente contra la soberanía alimentaria y la salud de los mexicanos más desprotegidos. Exigimos verdaderas políticas públicas contra el hambre, mediante el fortalecimiento de la producción local de alimentos con métodos agrícolas tradicionales, sostenidos por la investigación científica. Michoacán comparte con Guerrero y el Estado de México, el origen de este ancestral cultivo y es en Michoacán especialmente, donde existe una tradición campesina que destaca por estar íntimamente integrada a la cultura p’urhépecha. El maíz es parte fundamental de la autonomía de los pueblos originarios, de sus costumbres y sus tradiciones, de sus lenguas y sus maneras de ver el mundo, el maíz unifica a todos los pueblos y todas las identidades de México.

DÍA NACIONAL DEL MAÍZ, EN RESISTENCIA AL PROYECTO DE VENTA DEL PAÍS

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