Organización social frente al abuso laboral

El sábado 19 de septiembre se realizó el 4to Foro contra la Represión y el Despojo. El lugar del encuentro, las instalaciones del Sindicato de trabajadores de la Universidad Autónoma Metropolitana (SITUAM). Varios de los colectivos presentes son ya reconocidos en el contexto nacional: Ayotzinapa, Xochicuautla, el Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra-Texcoco, Ostula, entre otros.

Entre estos destacaba un grupo de trabajadoras y trabajadores que portaban su uniforme con la leyenda PEMEX y a quiénes se les presentaba como su primer acercamiento a un foro social, pues tenían una demanda por despido injustificado en contra de la gasolinera «Super Servicio Coapa» ubicada en calzada Miramontes con avenida Acoxpa en la delegación Tlalpan.

Germán Nava, vocero del grupo, cuenta que todo surgió a partir del despido de catorce de sus compañeras una vez que el dueño de la estación gasera, Eduardo Cohen Carabier,  las tachara de «revoltosas». Junto con ellas también fueron expulsados diez compañeros. Entre ellos Germán, quién estuvo trabajando por 34 años para dicho servicio. Pedro López, otro de los que generaron mayor antigüedad, duró 26 años. Ambos eran jefes de isla hasta que a este grupo de la noche a la mañana se les suspendió el acceso al área de trabajo, el 19 de abril del presente año.

«Me fincaron cargos de allanamiento de morada y me acusaron de haber violado el artículo 47 que implica maltrato al cliente. Pero con 34 años de experiencia ¿cree que voy a maltratar a alguien si sé cuál es mi trabajo?» comenta el señor Germán con plena seguridad.

La denuncia la están llevando a cabo en la 5ta conciliación de derechos humanos en la Secretaría del Trabajo, con la actual titular, Patricia Mercado. El día 31 de agosto realizaron una manifestación y los recibió la presidenta de la Junta Local de Conciliación y Arbitraje del Distrito Federal, la licenciada Margarita Darlene Rojas Olvera, quién ha dado seguimiento al caso. Por el momento estamos a la espera del dictamen sobre la Junta de Recuento.

El grupo de 24 forman parte del Sindicato de Trabajadores de Casa Comerciales Oficinas y Expendios Similares y Conexos (STRACC) y han sido acompañadas/os por la organización MTS.

Fotografía: Lucero Mendizábal

Fotografía: Lucero Mendizábal

«En todos los años que trabajamos ahí nunca fueron respetados nuestros derechos laborales. Nos hacían firmar la liquidación y la renuncia de manera anticipada. Además había una clase de capataz de nombre David San Pedro, a quién se le apodó como ‘El animal’, por la forma en que nos trataba. Si llegabas un minuto tarde ‘te tenía’ que dar tres chicotazos, a los del turno de la noche los maltrataba bañándolos con agua fría. Incluso por llegar un minuto tarde. A veces te regresaba a tu casa. Ahora ya no está pues el sí obtuvo su jubilación»

Otra de las formas de control que tenían en la gasolinera, narra el señor Germán, era la obligación de llegar a la meta de productos, lo cual implica la venta de 1,200 a 1,500 pesos mensuales en venta de productos que de no ser obtenidos tenían que poner de su bolsa. Por lo que muchas veces, pese a sus deseos, tenían que incurrir en «ciertas prácticas para vender» hasta 50 productos a una sola persona. Mientras él me cuenta se acerca, asentando con la cabeza, la compañera Estela, joven de aproximadamente 25 años de edad. Estela es una de las afectadas del grupo de 24. Ella agrega sobre el acoso del que eran víctimas las mujeres por parte de los encargados administrativos. «Si te invitaban a salir y no aceptabas te amenazaban o al otro día sin motivo alguno te comenzaban a tratar muy mal, a burlarse de una o hasta despedir».

Entre otros de los abusos laborales cometidos por administrativos y dueño era la venta de los uniformes, el cuál además tiene que ser pagado por los propios empleados. Además, «también pagábamos una especie de ‘pago de piso’ por trabajar», añade Germán. Este se efectuaba asumiendo la compra de los alimentos de los encargados. Por si esto no fuera poco, no reciben ningún tipo de salario ni prestación, sino que la propina que reciben por parte de usuarios hace la vez de pago.

La cara de Germán se ilumina y comparte: «las mujeres impulsaron la lucha, sin ellas, nosotros no habríamos sabido que hacer. Pero ellas nos animaron, nos dieron fuerza y ánimo. Nos decían que no podíamos aceptar lo que estaba pasando. Ellas nos dieron muestra de su valentía. Hay que ver que trece de ellas son además madres solteras. Eso nos dio coraje y entonces decidimos defender nuestros derechos. Nos dan ánimos para salir adelante». Estela dice en ese momento: «Vamos a seguir nuestra lucha».

Nava dice que esperan un fallo positivo y que una de las acciones que esperan a su favor es la certificación para poder tomar posesión de la gasolinera. Actualmente, la estación gasera se encuentra cerrada con sus mantas y ahí ofrecen el servicio de lavado de coches. Así que si quiere apoyar una causa significativa lleve su automóvil con las y los 24 que si bien no sólo están lavando coches, también están vendiendo agua en esa misma esquina para poder solventar sus gastos personales y sostener su lucha.

No es la primera vez que se escucha sobre la lucha y denuncia por parte de trabajadores de gasolineras. Mucho se ha escuchado sobre las malas condiciones laborales y el nivel de explotación al que están sometidos. Es por ello que resulta importante conocer su organización, su experiencia frente a la precariedad y el despido injustificado. Lo cierto es que las circunstancias actuales en el país en torno al desempleo permiten esta serie de abusos que cada vez se agudizan. Sin embargo, frente al desempleo y el abuso laboral la organización social.

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