Caravana de madres de migrantes desaparecidos abraza a las demás luchas en México

Texto y fotografías: Martha Pskowski

La plaza central de Oaxaca está llena de carteles y mantas que denuncian atrocidades, una tras otra. En cada pared disponible hay capas sobrepuestas de mensajes sobre Ayotzinapa, la lucha magisterial de la Sección 22 o feminicidios recientes. Para sumarse a dicho ensamblaje de protestas, el 30 de noviembre, la Caravana de madres centroamericanas en busca de sus hijos desaparecidos llegó a la plaza, haciendo un llamado a la unidad entre los movimientos de Mesoamérica. Las acompañaron representantes de la unión de maestros, familiares de personas oaxaqueñas desaparecidas y organizaciones por los derechos de las mujeres.

«Todas las luchas deben ser una sola lucha porque todos los problemas tienen la misma raíz. ¡Fuera el mal gobierno!», señaló en su discurso Martha Sánchez Soler, del Movimiento Migrante Mesoamericano (MMM), quien denunció que hay entre 70,000 y 150,000 migrantes desaparecidos en México y que el gobierno mexicano no cuenta con ninguna base de datos oficial o mecanismo alguno para buscarlos. Haciendo eco de la consigna «¡porque vivos se los llevaron, vivos los queremos!», que resuena a través de México, las madres gritaron «¡porque vivos se vinieron, vivos los queremos!».

Este año, durante la décima caravana, el grupo atravesó un total de diez estados en México.

Madres unidas en busca de sus hijos

La caravana comenzó el 20 de noviembre en la frontera de Guatemala con Tenosique, Tabasco; y avanzó rumbo al norte de Guadalajara, luego al Distrito Federal y después al sur a Oaxaca, para concluir el 6 de diciembre después de visitar el Istmo de Tehuantepec, San Cristóbal y Tapachula. Los estados finales, Oaxaca y Chiapas, son de especial importancia debido a que muchas de las integrantes de la caravana supieron por última vez de sus seres queridos en dichos territorios, al sur de México.

Durante todo el recorrido, las madres visitaron albergues de migrantes, cárceles y otros lugares en donde podría haber personas que conocieran a sus parientes. Al llegar a Oaxaca –un estado que conoce bien la narrativa de la migración y tiene las mayores tasas de migración en el país–, tres participantes se habían re-encontrado con sus familiares.

La décima caravana buscó relacionarse con organizaciones de la sociedad civil y no con oficiales del gobierno, ya que después de numerosas reuniones –año tras año– dijeron haber encontrado sólo falsas promesas. En 2014, se enfocaron en trabajar con otros defensores de derechos humanos y organizaciones que buscan ellas mismas a los migrantes. Además, como una oradora dijo al describir su misión: «las madres vinieron a abrazar las demás luchas».

El MMM ha logrado reunir a 200 migrantes con sus familias. Aunque es un trabajo lento y doloroso que también incluye trasladarse a lugares remotos de Centroamérica para reunirse con familiares, están plenamente convencidos de la labor que realizan. Y cada día hay más madres, padres, hermanas y hermanos que están buscando a algún miembro de sus familias que se ha ido al norte.

Axela Romero, de la Iniciativa Mesoamericana de Mujeres Defensoras de Derechos Humanos, asegura que la caravana muestra a la sociedad mexicana que «ninguna búsqueda es en vano». Romero comentó: «En Oaxaca tenemos mucho que aprender de esta caravana que ahora lleva diez años. Han estado enfrentando todos estos problemas que estamos empezando a afrontar».

Haciendo eco de la consigna «¡porque vivos se los llevaron, vivos los queremos!», que resuena a través de México, las madres gritaban «¡porque vivos se vinieron, vivos los queremos!». Fotografía: Martha Pskowski

¡Porque vivos migraron, vivos los queremos!

Lecciones de las madres a Ayotzinapa

Aunque la caravana no es el único esfuerzo por buscar personas desaparecidas en México, la experiencia organizativa que implica coordinar un viaje anual de personas centroamericanas por México la convierte un ejemplo notable.

Las madres tienen claro que al gobierno mexicano no le interesa encontrar a sus familiares, por lo que ahora miran hacia la sociedad civil para encontrar apoyos en esa lucha. Esto se asemeja a la transición que ha tenido la búsqueda de los normalistas de Ayotzinapa, cuyos padres y familiares han cesado las negociaciones con el gobierno y han comenzado sus propias búsquedas. Las madres demuestran que cuando el Estado no tiene interés por buscar a miles de personas desaparecidas en su territorio, la sociedad civil está dispuesta a hacerse cargo de la tarea, impulsada por el desconsuelo pero también por el amor. Así, la caravana recuerda a México que el dolor de Ayotzinapa va más allá de las fronteras. Como dijo Romero:

Nos duele esta Mesoamérica que impulsa a sus hijos a salir de sus hogares. Nos duele este Mesoamérica donde los gobiernos no saben escuchar el llanto de una madre.

Esta aseveración «Mesoamericana nos duele», es similar al «Nos duele México» que se ha popularizado en protestas diversas y, recientemente, por Ayotzinapa. Las madres son un recordatorio de que no sólo México duele. Migrantes de Centro y Sudamérica desaparecen en México en cantidades alarmantes; y sus familias enfrentan grandes obstáculos para buscarlos. Cada vez que se descubren nuevas fosas comunes en el país, no sólo los mexicanos se preocupan sabiendo que un ser querido podría estar ahí enterrado.

Oaxaca compartió el clamor de las madres

«Representamos a muchas madres…»

Varias personas de Oaxaca hablaron en el zócalo de dicha ciudad durante el evento, incluyendo a representantes de la Red de Defensores de Derechos Humanos de Oaxaca y un representante de la Sección 22 de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE). Sin embargo, fueron las madres quienes tomaron el papel principal. Blanca Gómez, de El Salvador, habló a los asistentes. Ella busca a su hermano, desaparecido hace cuatro años, y a su hijo, desaparecido hace un año:

Es bien duro estar acá. Pero representamos a muchas madres que se han quedado en nuestros países con la esperanza de que les llevemos una respuesta.

Del zócalo, el grupo marchó hacia la Plaza de la danza hacia el concierto titulado «Ni un besito a la fuerza», enmarcado en los dieciséis días de acción global contra la violencia de género. Una vez allí, fueron invitadas al escenario. Martha Sánchez y Blanca Gómez hablaron ante los cientos de personas de la audiencia sobre la misión de la caravana y, en particular, de la vulnerabilidad de las mujeres migrantes frente a las redes de tráfico sexual nacional e internacional.

Este décimo año, las madres llegaron a la Ciudad de México con el mismo mensaje, las mismas demandas. El recorrido estuvo cobijado por una sociedad mexicana enardecida por la desaparición de sus 43 jóvenes estudiantes en Iguala, Guerrero. Dijo Romero a las madres, con la voz llena de emoción: «Hoy nos unimos a su camino».

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