Criminalizar a la juventud para intentar callar las protestas contra la injusticia

Por Judith Gómez y Regina López (Colectivo 1DMX)

El primero de diciembre será recordado en la historia de los mexicanos como el día en que un gobierno odiado, después de 12 años de aparente ausencia, volvió al poder de manera ilegítima, el día en que Enrique Peña Nieto fue impuesto como presidente. Una marca en nuestras memorias de cómo la represión, la criminalización a la protesta social han tomado lugar en nuestras vidas. En las manifestaciones del 2012 un centenar de personas fuimos detenidas arbitrariamente, torturados, abusados, violados en nuestros derechos más básicos, finalmente 70 fuimos encarcelados, 59 hombres en el Reclusorio Norte y 11 mujeres en el Reclusorio Femenil de Santa Martha Acatitla. Sin saberlo, ese primero de diciembre del 2012, fuimos víctimas del inicio de lo que ahora se muestra como una sistematización de la represión y la criminalización, sobre nosotrxs cayó el peso de lo que ahora vivimos día a día, marcha tras marcha. No queremos ser ciegas y no acordarnos de que en este país siempre ha habido represión, somos conscientes de ello, pero queremos señalar cómo se ha vivido en la Ciudad de México: una ciudad, supuestamente de izquierda, plural, etcétera… desde que el PRI regresó por imposición.

A un año de estos acontecimientos no sólo siguen sin reconocerse nuestra inocencia (en lo público y en lo jurídico) sino que para las autoridades de esta ciudad criminalizar a los jóvenes es la nueva herramienta para intentar callar las protestas de todo aquel que vaya contra las injusticias, ante la desigualdad. Quedando así, sólo cifras de decenas de procesados por delitos que no cometieron, y un total de diez personas en injusta reclusión a la fecha, Alejandro, Iribar, Abraham, Daniel, Adrian, Victor, Ilia, Salvador, que se encuentran en el Reclusorio Norte, Mario, quien sostuvo una huelga de hambre del 8 de octubre al 3 de diciembre (56 días), y que por motivos de salud tuvo que suspender ya que su vida corría grave peligro, dejándole afectaciones importantes en el hígado, riñones y corazón; y Luna Flores, quien el pasado martes 26 de noviembre, también emprendiera huelga de hambre, ella está enferma de diabetes – la huelga de hambre, en ambos casos, se ha iniciado como medida extrema para exigir la libertad que el gobierno del DF les ha robado -.

Ahora nos preguntamos cómo será vivir en esta ciudad, en este país donde todo intento de ser diferente es un crimen, donde nuestrxs jóvenes tienen que vivir, entrar y salir de las cárceles, cuando en el resto del país, los que asesinan, los que violan, los que secuestran, bajo el nombre del narco o de gobierno gozan de libertad y privilegios. Un país, una ciudad donde no hay oportunidades para estudiar, para trabajar, donde ser mujer es la peor de las suertes, donde desapareces. A un año del primero de diciembre que cambió nuestras vidas, no nos conformamos, seguimos de pie, seguimos juntxs y juntxs seguiremos exigiendo un país en paz, un país que de nuevo sea nuestro.

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