La música y la guerra en Malí, la revolución infinita de Fatoumata Diawara

Por Lulú Barrera

Malí y la música son hermanas gemelas que se aman y defienden su existencia mutua. Y Fatoumata Diawara es su hija. En Mali la música no sólo es una forma de comunicación ancestral, en medio de paisajes de arena y el calor seco del Sahara, sino que es una religión, además de ser el vehículo a través del cual la esencia humana habla y se hermana.

Mali ha mecido en arrullos a sus principales cantores, ellas y ellos a su vez han propagado su palabra reavivándolo todo, aún en estos tiempos recientes de una guerra que apareció por sorpresa y les despertó con una orden imprevisible pendiendo sobre sus cabezas: que la música dejara de existir.

Después de la muerte de Gadaffi, milicianos tuareg que habían apoyado al dictador libio volvieron armados a la región del Sahel buscando la oportunidad de reivindicar la batalla que han dado por largos años, declarar su independencia, pero dejando a su paso un rastro doloroso de guerra, muerte y graves violaciones de derechos humanos, especialmente de índole sexual hacia las mujeres. A la par de una amenaza explícita a la música.

Al oeste de África, la música es una parte esencial de la vida comunitaria, un espacio identitario que unifica a varias regiones sin importar las fronteras entre Mali, Gambia y Senegal. Para Fatoumata Diawara la música en Mali es el espíritu, el espíritu de nuestros ancestros, el espíritu del mandinga, basado en la cora, nuestro un instrumento, nuestro pasaporte actualmente, la única cosa que nos resta de nuestra herencia mandengue. Para Fatoumata más que la política, es la música la que encarna la autenticidad y las posibilidades de conexión con la gente. En la música no hay promesas, cuando tu cantas, algunas personas lloran, otras ríen, otras sufren, es una medicina radical es verdadera, no miente, es inmediata, el África tiene necesidad de esa inmediatez, de una cosa radical que hable a las personas.

Originaria de Mali, Fatoumata Diawara en un principio luchó para vencer la predestinación de ser mujer en una cultura que esperaba de ella un destino fijo, en el que no se reconocía porque sabía ya que formaba parte de una nueva tribu en ciernes en el continente africano: la de mujeres africanas que toman el poder con una profunda convicción por la paz y la justicia social. No es fácil ser mujer en Áfricapero África necesita de estas mujeres, presentes, no de las mujeres en sus casas. Para Fatou, los esfuerzos de las formas actuales de hacer política no han logrado sacar adelante a África. Para ella es tiempo que las mujeres piensen en ocupar África, verdaderamente ocupar lugares importantes. El rol de la mujer en el desarrollo es enorme, las mujeres luchan, hay mujeres libres.

En contra de los estereotipos que pueden dominar nuestro pensamiento en este hemisferio del mundo, que poco conoce noticias sobre África, Fatoumata Diawara está convencida de que la mujer africana no es sumisa como se piensa, es emancipada, y aunque en ciertos países las mujeres son víctimas de la religión, África es un continente de guerreros, de guerreras, donde las mujeres han librado batallas en el pasado. En países como Camerún, las mujeres son diplomáticas, están en la política, son directoras. Lo mismo en Kenia y Ghana, donde las mujeres están ocupando nuevos lugares, las mujeres son libres. 

Para Fatou, uno de los impactos más severos del conflicto actual al norte de Malí es que las mujeres han ido las principales víctimas: Acabo de escuchar de todo un pueblo al norte de Malí, donde todas las mujeres están embarazadas, todas las mujeres entre doce y quince años. Y las que buscan abortar, mueren, o se van del pueblo y dejan a su madre y padre. Como han sido violadas por varios hombres, no conocen quién es el padre. Cuando escuchas una historia así, como mujer, puedes pensar en perder la esperanza y decir, no vamos a salir jamás, el mundo es cruel, la tierra es cruel, te preguntas por qué la vida es así, y piensas que si Dios existiera no permitiría que pasaran estas cosas.

En cambio, ella defiende que la mejor manera de comunicarse con Dios es la música con las palabras y lo mismo con la melodía, tú puedes tocar, tu puedes hacer ebullir la energía de la gente, y hacerles bien, yo pienso que el rol principal de una religión es hacer bien, no hacer mal, y lo mismo con la música. Es triste sabe que la principal religión de Malí está en peligro, es muy muy triste saber que en el Norte de Mali en nombre de dios han cortado las piernas a los niños y no pueden volver a jugar al futbol, o correr. O que  en nombre de dios han cortado la lengua a las mujeres que cantan, yo no comprendo.

Frente a un mundo que resulta incomprensible por ser en extremo violento, la música en cambio puede ser revolucionaria, y esto no debe ser una opción, la obligamos a ser revolucionaria. La música ofrece un terreno de pureza. Yo amo esa pureza, de la música, ese don de la música que tiene su lugar preciso… hay una espiritualidad que no miente, que dice la verdad, todo el tiempo, es el medio más directo para estar cercano a alguien, del alma, sin hacer daño. Tú puedes tener la llave de la emoción de la gente, con la palabra, la música, la velocidad, la lentitud, es un mundo infinito.

There are 2 comments

  1. Aura

    Indudablemente la música es energía que fluye y crea, me anima leer una mujer tan fuerte que ante las atrocidades lucha con la música, crea porque la vida puede ser otra cosa. La música como un acto revolucionario.

  2. José Luis Valdés

    Indiscutiblemente, la mujer es especial, sólo por serlo. Sin embargo y sea dicho con todo respeto. No es garantía de hacerlo mejor que los hombres, ya hemos visto lo que Condoliza Rice, hizo en su momento, o Elba Esther Gordillo y tantas legisladoras y senadoras en México, que dan pánico (por sus decisiones).
    Considero que es principalmente un buena preparación y sensibilidad, en un contexto de valores, congruentes con la práctica.

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