Celebración y lucha en tierra de xayacates

Por Xilonen Pérez, Heriberto Paredes y Cráter Invertido

 

«La procesión acompañó el féretro en silencio, hasta el panteón. Los Caballeros Templarios pasaban a toda velocidad en sus camionetas pick-up, tomando cerveza, levantando polvo en la terracería, escuchando narco-corridos a todo volumen. Los familiares de la víctima avanzaban con la cabeza agachada, nos pedían que no sacáramos banderas, para no tener problemas. Uno de los presentes traía una chiquita y la puso arriba de la caja. Yo no aguanté y con todo el coraje que tenía en el cuerpo me aventé un «¡Zapata vive!», sólo uno, esperando que nadie más que nosotros lo escuchara». Con estas palabras, un luchador social michoacano recuerda la muerte de uno de los líderes comunitarios nahuas de Santa María Ostula, Teodulo Santos, secuestrado el 15 de mayo de 2012 y encontrado sin vida al día siguiente. Como jefe de tenencia –máximo cargo existente en la comunidad indígena– el profesor Santos fue una pieza clave en la recuperación de tierras que convirtió un rancho conocido como la Canaguancera en lo que hoy es la encargatura de Xayacalan.

Fotografía: Cráter Invertido

Fotografía: Cráter Invertido

El pasado 29 de junio de 2015, exactamente 6 años después de que casi 1000 hectáreas fueran recuperadas y se instalaran los primeros campamentos que darían vida a la comunidad de San Diego Xayacalan, una sentida fiesta fue el escenario para celebrar un proceso de lucha que ha costado sudor y sangre a comuneras y comuneros. Treinta y dos asesinatos y seis desapariciones forzadas son las cifras que dan cuenta del terror en Ostula, pero no es sino hasta observar el cuidado con que se organiza la celebración y darse cuenta de los momentos de tristeza que afloran repentinamente en las pláticas, que se puede realmente intuir la dureza de la pérdida y la voluntad de luchar que ha sostenido a mujeres y hombres en la firme decisión de recuperar las tierras que pertenecen a su comunidad.

Fotografía: Heriberto Paredes

Fotografía: Heriberto Paredes

La fiesta comenzó en el centro de la encargatura desde donde es posible mirar las viviendas de los comuneros y comuneras, por un lado, y el mar abierto que se extiende detrás de grandiosas palmeras a unos metros del poblado, por el otro. La misa inició cuando el sol es más imponente sobre la costa, eran casi las 4 de la tarde y personas mayores, adultas y hasta las más pequeñas de la comunidad se encontraban debajo de una palapa, atentas a la designación de los nuevos cargos religiosos. Al finalizar, las nuevas encargadas se dedicaron a repartir entre los asistentes plátanos y dulces, que eran parte de un collar y una corona asumidas junto con el puesto, como las tradiciones indican.

La tarde comenzó a teñirse de música y baile, de risas y retas de fútbol entre los más pequeños de la población; esa generación que crece junto con la resistencia y que continuará con el cuidado de las tierras comunales. Al fondo, el sol bajaba y la luna casi llena asumía el relevo de la noche, mientras las olas golpeaban armoniosas contra la playa que corresponde a Xayakalan.

En esta fiesta de aniversario, además de la comunidad reconstruida y sobreviviente, también estuvieron los que fueron violentamente ausentados, aquellos que han dejado enseñanzas y fortalezas para que la comunidad nahua siga organizada y firme en la defensa de su territorio y de su cultura.

Así como el profesor Santos, Trinidad de la Cruz es otro de los líderes comunitarios que más huella han dejado entre las y los habitantes de Ostula, primer comandante de la Guardia Comunitaria que en 2009 se organizó para proteger a la comunidad. La muerte de este luchador nahua se ha impregnado en la memoria de quienes lo conocieron y en el entramado social que ahora se construye día con día. Jerónimo Flores, uno de los integrantes de aquella Guardia y quien estuvo muy cerca de don Trino o el Trompas, como se le conocía, compartió algunos recuerdos:

El tiempo que anduvimos con él, siempre nos decía que esto no era nomás de los compañeros que íbamos a vivir aquí, él siempre con el pensamiento que esto era para toda la comunidad, esto se estaba peleando para que toda la comunidad rescatara lo que habíamos perdido hacía muchos años. Personas ajenas a la comunidad se fueron mañosamente adueñando de ellas [las tierras] y supuestamente eran dueños pero nunca han sido, porque, nomás que había tiempos en que la comunidad pues no; que iban a llegar tiempos en que la comunidad se iba a animar porque ya son varios compañeros, comuneros, que van creciendo y ya no había dónde más trabajar la tierra y se acordaron de este terreno, principalmente don Trino. Él dijo que no era justo que personas ajenas estuvieran dentro del territorio de la comunidad, porque era un terreno que pertenecía a la comunidad.

Siempre él animaba a los compañeros. Tengo varios compañeros también ya fallecidos, el compañero Juan Faustino, también a él lo secuestraron; otros compañeros que se acercaron y llegaron a vivir con nosotros, el compañero Inocencio, Rodrigo Alejo, Leonardo, Sebastián, ellos han estado aquí en la lucha siempre, ellos estuvieron pegados a nuestro compañero don Trino de la Cruz. Él siempre decía que si él faltaba nosotros que no nos desmayáramos, que no tuviéramos miedo, que le echáramos ganas, porque esto no era nada más lucha para nosotros sino lucha para los que van creciendo, los que van naciendo y todavía los que no han nacido y por eso, él decía que esto era para todos. Pero lamentablemente el crimen estaba fuerte en ese entonces y nos acabó pero no nos desesperamos, aunque con miedo y valor, siempre nos daba ánimo. Y cualquier cosa que no le gustaba a él nos lo decía, a nosotros y a las autoridades civiles. Fue un compañero de lucha.

Fotografía: Cráter Invertido

Tierra de xayacates

El xayacate es aquel guerrero que procura que  la comunidad se mantenga unida y fuerte para enfrentar cualquier desafío; proveniente de la voz nahuatl xayacatl, la palabra significa literalmente «máscara» pero se refiere sobre todo a la acepción que indica la protección del rostro y de cierta manera la colectivización de la identidad. No es casual que la nueva encargatura, fundada el 29 de junio de 2009 en tierras comunales recuperadas a pequeños propietarios vinculados al crimen organizado, lleve como nombre Xayacalan, que significa tierra de xayacates, es decir, de aquellos que al recuperar la tierra fortalecerán la comunidad y reproducirán la identidad campesina e indígena. Al llevar a cabo este proceso, por encima de partidos políticos, cárteles y mega proyectos, se trata también de una parte de la lucha contra el despojo capitalista que en la región sostiene grandes intereses económicos.

Dentro de la cultura nahua que se ha ido construyendo y reconstruyendo en el amplio territorio de la cofradía de Ostula, los xayacates son también una figura de ruptura con la simpleza de la polarización entre el bien y el mal, ya que abren la posibilidad a situaciones más complejas en donde la lucha entre estos ámbitos es más compleja y con muchos matices importantes. Como si la división aparentemente «universal» que Occidente ha impuesto en la interpretación cosmogónica de la vida, no fuera suficiente y necesitara una dimensión nueva, indios rebeldes que no aceptan la dicotomía entre lo bueno y lo malo sino que luchan contra esa simpleza. Por eso la figura tan relevante de estos personajes en la vida religiosa y política de Ostula.

Sin el interés de comprender el papel de los xayacates en la reproducción de la comunidad es muy probable que los análisis acerca de la lucha contra el despojo del territorio y contra el crimen organizado, se limite a los buenos y los malos; y sobre todo, no sería posible comprender acciones complejas como las asambleas generales en donde se han careado pobladores afectados por otros que aceptaron colaborar con los Caballeros Templarios. Sin la dimensión cosmogónica de los xayacates, puede resultar complicado pensar en una posible reconciliación entre quienes habitan estas tierras y la construcción de una forma de justicia que no está basada en el bien y el mal únicamente.

Fotografía: Heriberto Paredes

Fotografía: Heriberto Paredes

En lo inmediato, las encargaturas que conforman la cofradía de Ostula enfrentan nuevos desafíos en tanto que la reconstrucción de la comunidad se profundiza y consolidación de una autonomía indígena de facto es cada vez más real. Si bien es cierto que se ha llegado a una celebración muy emotiva, participativa y sobre todo unificada, también es verdad que falta mucho camino por recorrer, muchos conflictos agrarios aún se están librando en tribunales especializados y los principales cabecillas templarios que condujeron la violencia y el terror ni siquiera tienen en su contra alguna averiguación previa, tanto Mario Álvarez como Federico González, alias Lico, o se pasean tranquilamente por las calles de Colima o reorganizan al cártel con reductos localizados en la parte serrana de Arteaga y de Coalcomán.

Lo anterior, sólo por mencionar lo evidente, sin embargo, al interior de la comunidad aún quedan materias pendientes, como la construcción de una memoria colectiva que ayude a sanar las heridas ocasionadas por asesinatos y desapariciones, por amenazas e incertidumbres, una memoria que permita la reconciliación sin que ello signifique la pérdida de la justicia y la dignidad. Materias como la construcción de proyectos educativos y de salud, de viviendo, productivos, culturales, desde la base de la autonomía. Y como un tema transversal, la conservación del territorio y la lucha contra la mina de hierro y otras concesiones mineras que legalmente ya están operando, son también motivo de preocupación y análisis.

Policía comunitaria de la costa michoacana. Fotografía: Xilonen Pérez

Policía comunitaria de la costa michoacana. Fotografía: Xilonen Pérez

Ya entrada la noche, el acordeón y los guitarrones guiaron a las y los comuneros a continuar el baile en el filtro de control, con pasos aventurados entre policías comunitarios, campesinos, muchos jóvenes, niños y niñas, y una calma insospechada hace tan sólo seis años. Esa tranquilidad se ha estado restaurando en el último año luego de que varios comuneros lograran regresar a Ostula con una estrategia de autodefensa comunitaria más sólida; construida mientras estuvieron obligados a exiliarse entre 2011 y 2014, por la escalada de violencia. Además, es necesario destacar otro logro concretado el pasado mes de mayo con el reparto de tierras entre comuneros para su trabajo y cuidado, con lo que se dio continuidad al proyecto comunitario propuesto desde 2009.

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