Las Rondas Comunitarias p’urhépechas defienden el derecho a la vida

Por Heriberto Paredes Coronel

Cheratillo Fotografía: Heriberto Paredes Coronel

Cheratillo
Fotografía: Heriberto Paredes Coronel

 

El municipio de Los Reyes, Michoacán está ubicado en el extremo poniente del estado, es el puente que comunica la región p’urhépecha con la región conocida como Tierra Caliente y en los últimos seis meses se ha convertido en una zona de alto riesgo debido a los intentos del cártel de los Caballeros Templarios de expandir su presencia y control luego de los descalabros sufridos en los municipios de Buenavista Tomatlán, Tepalcatepec y Coalcomán, por mencionar algunos de los lugares en que los grupos de autodefensas han tomado el control del territorio. Una situación similar, aunque no definida se vive en Aquila y Aguililla, aunque, francamente, en todo el estado la situación es de una inestabilidad que conviene seguir con puntualidad los acontecimientos continuamente.

Pero en Los Reyes la situación se ha agudizado y varias comunidades han recurrido a la recuperación de una tradición indígena que tiene que ver con la propia protección de la población y del territorio, así como con la necesidad de replantearse la aplicación de justicia de formas apegadas a los usos y costumbres p’urhépechas. A finales de enero comienza una ola ofensiva por parte del crimen organizado en la búsqueda del control de esta región rica en una producción aguacatera que podría suplantar las ganancias que dejaron de percibir luego de las derrotas sufridas en Tierra Caliente.

De pronto los Caballeros Templarios llegaron a varias comunidades -entre ellas 18 de Marzo, Uruscato, Cheratillo y Cherato- con sobres membretados con los datos de cada comunero, llegaron afirmando que tenían un censo de la población y de la producción que se tenía de aguacate y que a partir de esta información habían determinado que cada comunero debía de pagar $2000 pesos por cada hectárea producida y que esto no era petición sino una exigencia. Así, de la nada, un cártel del crimen organizado que afirma en sus “estatutos” que velarán por el bienestar de los michoacanos, exigen el pago de cuotas a campesinos que se encuentran en una situación económica compleja, reducida, y por si fuera poco, con las armas por delante.

Siguiendo al Dr. José Manuel Mireles, quien, en una entrevista pasada, afirma que la forma en la que los templarios se posicionan en Tepalcatepec y en la región de Tierra Caliente es a partir de limpiar la “plaza” combatiendo a otros grupos criminales –en caso de existir esta situación- y luego, sin otra posibilidad de movilidad económica, imponer cuotas a los habitantes de la región; cuotas por cada kilo de carne vendido, por cada cabeza de ganado vendida, por cada metro cuadrado de las casas, por existir en síntesis. Primero empiezan con “pequeñas” cuotas y después, una vez que la población se somete, el aumento en el cobro de dinero se desborda y comienza a destrozar la economía local hasta acabar con ella. Esto por no hablar de las familias, que pronto ven a sus integrantes al servicio del crimen organizado con el simple hecho de trabajar o respirar.

Lo que sucede en las comunidades p’urhépechas de Los Reyes es un freno a esta lógica. En primer lugar responden a la presencia de los hombres de los sobres membretados con una asamblea regional en la que se decide que no se van a pagar estas cuotas y en la que se desconoce la autoridad de los Caballeros Templarios para exigir dinero o cualquier otro tipo de pago. El argumento es muy sencillo: cuesta mucho trabajo conseguir el sustento diario como para que alguien ajeno llegue y lo obtenga sin más. Así que luego de esta decisión comunitaria, se le da la respuesta negativa al cártel y se inicia una marcha con rumbo a la cabecera municipal, Los Reyes, para exigir a las autoridades que se hiciera algo, que se pusiera un alto a esta situación que sobrepasaba los límites de cualquier Estado de derecho posible.

Las autoridades municipales, incluyendo al titular José Antonio Salas Valencia (Partido Acción Nacional), no sólo no actúan conforme a su responsabilidad de funcionarios públicos encargados, entre otras cosas, de mantener la seguridad de los habitantes, además amenazan a los comuneros que si no regresan a sus casas habrá represalias. La situación no puede ser más clara y es imposible seguir negando la complicidad que existe entre elementos del gobierno y el crimen organizado, los Caballeros Templarios. Resulta grosero negar esta relación cercana de intereses y mecanismos operativos.

La población de las comunidades p’urhépechas se molesta, se indigna, comienza a organizarse para resolver la situación a partir de los mecanismos que los años de resistencia han dejado como enseñanza.

El 22 de marzo uno de los principales impulsores de la negativa a pagar estas cuotas, Roberto Serrano Cervantes, originario de la comunidad de Cherato, se dirige hacia la cabecera municipal y hasta la fecha no se le ha vuelto a ver, no se sabe de él. Tal y como dicen los propios comuneros y su familia en los videos que presentamos en este reportaje: tan sólo se está pidiendo que se haga justicia, que se hagan las investigaciones para que se castigue a los responsables de esta desaparición. Uno de los responsables de la seguridad y justicia en la comunidad de Cherato, un comunero trabajador que se atrevió a decirle no a los Caballeros Templarios y que además argumentó frente a su comunidad y otras vecinas, desaparece en medio de un ambiente enrarecido con la actitud represiva de las autoridades municipales. Demasiada coincidencia.

Las rondas comunitarias se concretan en este contexto, se organizan para proteger a las personas que aún viven en estas comunidades y que temen sufrir la misma suerte que Don Roberto; se levantan barricadas en las entradas/salidas de las comunidades, se organizan las guardias para vigilar las 24 horas y se hacen recorridos en buena parte del territorio del municipio. Una nueva forma de vida surge de la desgracia y el coraje, pero sobre todo la conciencia de que en los niveles gubernamentales el crimen organizado también reina.

Para las comunidades que ahora componen este movimiento de rondas comunitarias no sólo se trata de vigilar quién entra y quién sale, también es un acto de hermandad el que por lo menos cuatro poblaciones se hayan organizado para exigir, entre otras cosas, la aparición con vida de Don Roberto. Ahora también es el momento de pensar en la reconstrucción del tejido social, en la necesidad de exigir las condiciones mínimas para lograr una vida digna y luchar por ellas. Es momento de defender el derecho universal a la vida y todas las implicaciones que ello tiene, no se trata de una confrontación como el gobierno michoacano afirma y como insiste en mostrarlo la prensa más patética de la que se tenga memoria; el retomar la tradición de las rondas comunitarias resultó un paso obligado ante una situación de desesperación frente al olvido total, la miseria y la violencia.

Al hacer un amplio recorrido de la zona pudimos constatar que la situación es crítica y que el peligro de una nueva ofensiva violenta por parte de los Templarios, así como actos represivos provenientes de los cuerpos policiacos estatales o federales, está latente cada día. Pudimos escuchar de primera mano los testimonios que a cualquiera le dejarían la humanidad por los suelos, pudimos ver que, una política de monocultivo del aguacate (política motivada, dicho sea de paso, por gobiernos anteriores, por lo menos en los últimos 20 años) ha convertido a muchas regiones michoacanas en botines monetarios para el crimen organizado y en “problemas que resolver” para las autoridades de todos los niveles de gobierno. Además de la amenaza que reina día con día, la falta de trabajo educación, salud y el acceso básico de agua han agudizado las cosas en este municipio.

Acompañando este texto presentamos dos videos que son la muestra precisa de lo que he relatado hasta ahora. Se trata de los testimonios de las personas que componen estas rondas comunitarias y que ahora son los vigilantes responsables de mantener la seguridad de la región. Pensamos que nuestro deber es transmitir las palabras de quienes nos permitieron conocer sus problemáticas y quienes nos dieron la confianza de ser sus medios para hacer llegar esto a muchas más personas. Es también un acto de agradecimiento y un pequeño grano de arena en la justicia que tanto hace falta en regiones como este municipio de Los Reyes, en el propio Michoacán y en el país. Ojalá pudiéramos hacer este trabajo con cada pueblo, con cada comunidad y transmitir sus voces; en esta ocasión logramos hacerlo e invitamos a dedicar un poco más del tiempo acostumbrado para los videos en medios electrónicos para mirar estos dos trabajos documentales.

Hasta la fecha, justo antes de terminar esta publicación nos hemos enterado (http://www.cambiodemichoacan.com.mx/nota-202172) de la existencia de enfrentamientos entre elementos de la policía y supuestos integrantes de las rondas comunitarias, sin embargo, las últimas declaraciones hechas por las rondas nos recuerdan el sentido de su existencia: defender a su comunidad, vigilar que no se violente la vida o se impongan cuotas, de ninguna manera atacar y mucho menos a los elementos policiacos. También nos enteramos que a pesar de estas difamaciones, las rondas se mantienen de pie y firmes en la búsqueda de una vida digna para las comunidades.

 

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