Lo que le pasó al cacomixtle cuando intentó cruzar la autopista La Pera-Cuautla

Mapa de ubicación del campamento de resistencia "Caudillo del Sur". Elaboración: Jerónimo Díaz

MACRO: La autopista La Pera-Cuautla fue construida en 1965 y desde hace unos años se proyecta su ampliación a cuatro carriles (21 kilómetros con 60 metros de ancho de tierras). Lo que fuera un camino rural se convierte ahora en un ramal del eje articulador Veracruz-Acapulco. Por un lado, tras haber concluido el llamado «Arco norte» —que atraviesa los estados de Puebla, Tlaxcala, Hidalgo y Edomex— durante el gobierno calderonista, se ha especulado sobre la continuación de este mega-periférico de la Ciudad de México hacia el sur, circundando al Popocatépetl de Atlixco a Cuautla y destruyendo el bosque de niebla entre Tres Marías y Toluca. Por otro lado, en junio del presente año, el gobernador de Morelos y la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) firmaron un acuerdo para la construcción y operación de la autopista concesionada Siglo XXI, que unirá Jantetelco (cercano a Cuautla) y Xicatlacotla (frontera entre Morelos y Guerrero, a la altura de la Autopista del Sol). De este modo, la conexión Veracruz-Puebla-Cuautla-Acapulco quedará garantizada… para quienes puedan pagarla.

MESO: Los señores «desarrollistas» quieren imponer a toda costa sus proyectos, esgrimiendo sus razones en nombre de la llamada «conectividad», tal vez sin importarles lo que sucede en estas tierras. Ciertamente es una maniobra de infraestructura pensada desde hace tiempo, pero no cuenta con el acuerdo de toda la gente de Tepoztlán. Si bien se agiliza el tránsito vehicular, también provoca la inevitable transformación de la región. A eso apuestan estos señores. Y tal vez no lo han notado, pero su obra «invade» no solo al lugar y a la naturaleza, también invade a una cultura, pues de consumarse ¿qué quedará después cuando la gente se acomode arrinconada a un lado de la pista?

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Campamento «Caudillo del Sur» en la colonia Chisco, pueblo de Santiago Tepetlapa

MICRO: Hay todo un universo de conocimientos que tienen que ver con el lugar conocido como el Texcal: en medio de huajes, ocotillos, magueyes, ciruelas silvestres, cuajilotes, llorasangres, huizaches, etc, etc. Es una zona repleta de arboles medicinales y silvestres, en donde habitan también muchas ardillas y conejos, tejones, cacomixtles y hasta correcaminos, aves grandes que crecen al rayo del sol. Es la zona del Texcal, en el paraje conocido como Chisco, entre los limites del área comunal y ejidal de Tepoztlán. Aquí, desde el pasado 11 de marzo se ha instalado un campamento cuya misión es vigilar y proteger las tierras comunales para resistir a las obras de la ampliación de la autopista Cuautla-La Pera. «No permitiremos que se impongan proyectos sin consultar a los comuneros» es una voz que recorre este lugar y este momento.

Cabe aclarar que no se trata de una terca oposición al progreso, ni tampoco es fundamentalismo como se le ha criticado. No es que un grupo de ciudadanos cuestionen neciamente lo que ven llegar de realizarse esta obra: ellos apelan entre otras cosas a la calidad de vida del lugar que corre el riesgo de verse transformado; invitan a pensar críticamente en lo que es el espejismo del llamado «progreso», y están ahí pendientes de lo que pueda suceder.

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Cuento corto

A continuación presentamos la fabulilla del momento,
por Orestes Libertario

Lo que le pasó al cacomixtle cuando intentó cruzar la pista

Fue en aquella mañana, justo cuando comenzaba a clarear el sol, cuando el cacomixtle sintió un poco de hambre. En el campo las hierbas reverdecían alegremente por la lluvias que habían comenzado.

Pero en el ambiente había algo raro, se sentía, lo podía percibir; algo que tal vez no alcanzaban a definir ni él ni los demás animales que habitaban en ese lugar. Quiso averiguar qué cosa era eso que tanta extrañeza les causaba, pero aturdido por su primera necesidad tendría que satisfacer su hambre. Cuál sería su sorpresa al salir de su madriguera y mirar de frente desde aquel cerrito e internarse en en su cotidiano camino; pues ante lo que vio, sólo alcanzó a preguntarse:

—¿Qué será eso que de lejos parece una serpiente gigante, pero que al irme acercando es tan sólo un inmenso camino sin principio ni fin, en donde esas cosas extrañas pasan veloces?

Se decía a sí mismo nuestro pequeño amigo aquella mañana al bajar inquieto de su cerrito para intentar conseguir lo que tanto necesitaba y se hallaba en los gallineros vecinos. Por un momento trató de llegar cerca de eso que parecía ser la serpiente, para pedirle permiso de pasar hacia el otro lado. Pero cuando le habló no obtuvo respuesta:

—¿Qué será esta una serpiente que no entiende nada? ¿Una serpiente muy groserota? Como que le hablas… y nada. Como que ronrronea como un gato— Siguió preguntándose cada vez con mayor extrañeza. “¡Sepriente, serpientita!”… y nada.

Unos pericos muy parlanchines se acababan de escapar de un zoológico cercano y se había acomodado sobre las ramas de una higuerilla: desde ahí, presumidos gritaban a tontas y a locas. “¡Progreso, progreso! ¡pro-gre-so!”

—¿Progreso? ¿Será ese el nombre de la serpiente?— se preguntó el cacomixtle.

Pero sobre aquel animal raro tan sólo cruzaban esos rápidos y alebrestados destellos, mientras el hambre de nuestro amigo arreciaba. Los plumíferos parlanchines se habían apoderado del árbol para seguir duro y dale con su “progreso”, en aquel discurso de locos y pulgosos hablantines de pacotilla. Pero aquellas palabras al serpentón le tenían sin cuidado; si acaso sentía el escozor de aquellos objetos que relampagueantes lo recorrían y que la inteligencia del cacomixtle nunca alcanzó a comprender. Aquella extraña serpiente estaba ahí, quieta, detenida, y sin embargo por encima algo la recorría, era como un animal amenazante que intentaba apoderarse de aquella comarca, como que tras su paso la había ahuecado.

En la imaginación de nuestro pequeño amigo nunca figuraron los alcances de esta supuesta ampliación de la vida, ni la palabra “progreso” existía. En su mente sólo había hambre, de esa que nubla la vista. Anhelaba un huevecillo de aquellos que cada mañana tomaba de los gallineros vecinos. Aquellos innumerables destellos pasaban robustecidos por los destellos del sol y emitiendo de vez en vez sonidos chillones. Cuando al fin saltó sobre la serpiente, se dio cuenta de que no eran simplemente destellos. Sintió un golpe terrible, para después verse ahí tendido, despidiendo sus días en cada uno de los golpes que recibió, para al fin quedar convertido en tortilla.

Ahí las ganonas fueron las gallinas de los vecinos, mientras en su árbol los necios pericos seguían duro y dale: “¡Progreso, progreso! ¡pro-gre-so!”.

There are 3 comments

  1. Felipe Frutero

    Armando

    Es respetable las opiniones de los habitantes de la zona de Tepoztlán y Oacalco, de que no quieren que se amplié la autopista La Pera – Cuautla, pero creo que desde que se inicio la construcción de la autopista en el año 1952, se pago la liberación del derecho de vía, luego entonces no se vale que gente que vive en la zona se oponga a esta construcción de ampliación.

  2. Alberto Frutos Andrade

    ¿como afecta la autopista el modo de vida de Tepoztlán?? Si esta invadido por foráneos expulsando a la población real a colonias, barrios y comunidades alejadas como tierrablanca, san Andres, Huachinantitla, ya que vivir ahí es caro, impagable cuando los trabajos generados en Tepoztlán son solo de fin de semana los mas estables y por lo regular son de gente, otra vez, de fuera? ¿no es esa ya una modificación grave al estilo de vida autóctono que desencadena mayores problemas sociales?

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