Una ciudad-desierto: sobre el santuario de aves y la torre del teleférico en La Paz

En este video de Creaciones Cinematográficas Huayrurito, se comparte la memoria del hogar de las aves y l@s Machicao: «A la familia Machicao le ha tomado 55 años hacer de su vivienda un espacio único en la ciudad de La Paz. Árboles frutales, un huerto familar y un espacio que conserva la flora silvestre local de la ciudad, reciben anualmente a más de 25 variedades de aves, que hacen de este espacio un hogar, un refugio. El Estado boliviano no lo reconoce oficialmente como un “Santuario”, a las aves no les interesa ser o no reconocidas; quizas por ello se asientan todos los días, impunemente, sobre su árbol favorito, aquél que pronto será sustituido por una torre del Teleférico, hiriendo la tierra fértil con la arrogante huella del desarrollo».

Crónicas del despojo y las ciudades muertas

El canto de los pájaros es lo primero y lo último que se oye en la casa de Mariana Machicao, en Miraflores (La Paz, Bolivia). En una extraña sinergia, como le llama Mariana, los pájaros, 25 especies diferentes contabilizadas por biólogos y ornitólogos, han adoptado a la casa y a la familia Machicao, en un proceso de relacionamiento de más de medio siglo. A veces duermen entre las cortinas y entran a la casa para exigir su alimento cotidiano.

Las mujeres que habitan la casa y le dan su espíritu, tienen recuerdos de sus seres queridxs en ella, que aman tanto, como a los trinos y colores de las aves que allá viven. Y lo que así se ama no tiene un precio.

Sin embargo, no sólo viven diversas aves, sino una serie de plantas y árboles que son especies endémicas de la ciudad de La Paz. Aquí, en la ciudad del ladrillo y el cemento, donde están desapareciendo no sólo las pocas áreas verdes sino las especies antiguas de flora y fauna, una familia ha logrado, sobre la base de constancia, esfuerzo y cariño, sostener y relacionarse respetuosamente con un pequeño e importante pluriverso de aves y plantas.

Hace semanas, la empresa Mi Teleférico entregó a la familia un aviso donde les anunciaron que parte de su casa sería expropiada para la construcción de la Torre 13 de la línea blanca del teleférico.

[1] Aunque al inicio la empresa aseguró que la expropiación era de 1%, ha tenido que aceptar que es mayor; sin embargo, sigue minimizando los impactos. Ver Teleférico expropiará el 6% del santuario de aves; la dueña de casa rechaza la decisión (ANF, 29 de septiembre de 2016) y Mi Teleférico asegura que línea Blanca tendrá una afectación mínima a hogar de aves (Página 7, 29 de septiembre de 2016).

Según la conferencia del señor Dockweiler, gerente de la empresa Mi Teleférico, del 29 de septiembre de este año, la expropiación no será de todo el terreno de la familia Machicao, sino sólo 6% y no se tumbará ni un sólo árbol [1]. También ha asegurado que no se afectará el comedero de las aves. Por el contrario, con el plano que le dio la empresa y una cinta métrica en las manos, Mariana Machicao muestra que el corredor expropiado, de acuerdo a las medidas dadas por Mi Teleférico, sí afectan el comedero, porque la torre está justamente emplazada muy cerca del árbol de níspero que tiene 30 años, lugar favorito para comer de los pájaros. De nada valió que el hijo de Mariana haya explicado en plena conferencia del gerente de Mi Teleférico lo que sucederá con su casa, la respuesta de la empresa estatal es la misma: no se puede cambiar la ruta del teleférico ya decidida por ésta. Lo que podrían hacer, han dicho, a modo de mitigación ambiental, es poner bebederos de aves y plantas alrededor de la torre de cemento del Teleférico, una vez construida ésta, donde supuestamente las aves regresarían a comer.

La lógica del despojo que dice: no se destruirá la casa Machicao, sólo se afectará un 1% o 6%, es similar a la que tiene el gobierno sobre las afectaciones que podría producir el proyecto Hidroeléctrico El Bala. No se toma en cuenta a todo el ecosistema. Sin embargo, como sucede en El Bala, no es cuestión de poner paliativos extraños o risibles, por decir lo menos, como «ascensores para peces» y, en este caso, fuentes de agua para aves. Una vez construida la torre, la sinergia y ese pequeño ecosistema que se ha creado en más de 50 años, serán afectados, con probabilidades de desaparecer, por los trabajos que se realizarán para construir la torre, así como por sus vibraciones en el funcionamiento diario. Como señala Mariana:

Ellas [las aves] tienen el oído muy sensible y tienen toda la capacidad de distinguir entre lo que es un árbol vivo y una torre de cemento, por mucho que esté rodeada de un enmaleado con pajaritos y flores de plástico (…) van a migrar en el momento que haya una mega-estructura, se van a ver obligados a migrar del mismo modo que esta familia se va a ver obligada a migrar porque no puede vivir al lado de una torre.

¿Quién podría vivir tranquilo-a al lado de una torre de ese tamaño y sus vibraciones? Por lo menos, la familia Machicao no, así que saben que si la torre se construye migrarán, como los pájaros, dejando allá gran parte de toda su historia, la herencia invaluable compuesta por la memoria de sus seres queridos. No quieren ver cuando tenga que hacerse el muro por encima del tumbo y las paredes de hojas, por eso se despiden de las aves.

Este tema no es una cuestión entre privados sino un problema para toda la ciudad. Otros vecinos de Miraflores también interpusieron quejas por esta obra, señalando que no se oponen a la construcción de todo el teleférico sino a su paso por la zona, cuya necesidad ponen en duda. Las principales preocupaciones son las afectaciones a áreas verdes, plazas y espacios públicos, así como a propiedades.

El despojo en la ciudad se está dando en nuestras narices, nos está pasando de varias formas y, en esta ocasión, sin una consulta mínima a las personas que conviven con las aves en este hogar de seres alados y no alados. Así se construye la peor cara de la «modernidad» citadina en La Paz, la locura insana de pensar el «desarrollo» como el cemento sobre cemento… una muestra en pequeño, de lo que pasa con mega obras como la carretera por medio del TIPNIS, o las mega hidroeléctricas.

No hay precios ni mitigación de impactos que puedan compensar los esfuerzos de las vidas humanas que pasaron por la casa para construirla tal como es ahora, ni las vidas que zumban rápidas como el colibrí, el chiwanqu, tordos y las demás aves. El despojo es una realidad, y nos dirigimos a ser una ciudad-desierto.

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