Mujeres que hacen historia. Natalia

Esta publicación forma parte de los trabajos realizados durante el proyecto Voces de Mujeres, en el año 2015. En esta ocasión presentamos un reportaje escrito por Rosa Irene Paez Torres, el cual aborda la  vida y quehacer de Natalia, una mujer granicera que conserva una tradición milenaria, además de ser una persona importante para su comunidad en los ámbitos social, político y cultural.

Al pie del Popocatépetl, en el municipio de Amecameca se encuentra San Pedro Nexapa. Para adentrarse en esta comunidad es necesario conocer su magia, su historia y a una de sus mujeres: Natalia. Ella nació en esta zona, sus padres campesinos siempre le inculcaron el contacto con la naturaleza y las plantas medicinales, y le ayudaron a aprender sobre su poder para curar.

A un lado de la carretera que conduce al volcán, se encuentra su puesto de quesadillas y tortillas. Doña Naty siempre atiende amablemente a las visitas que llegan a deleitarse con quesadillas de hongos silvestres o a entrevistarla y conocer lo que ella atesora.

La niña que jugaba con los rayos

Una de las tradiciones milenarias que ha sobrevivido en esta comunidad es la de los y las graniceras o tiemperas; porteras del mundo espiritual que subyace en la tierra, encargadas de los fenómenos meteorológicos, ahuyentan lluvias y granizo. Este conocimiento, se hereda por linaje, sueños, elección divina, a través de un rayo o enfermedad. Cuando una persona es alcanzada por un rayo y logra recuperarse, cae en enfermedad y debe ser presentada ante los trabajadores del temporal para ser curada.

Estuve enferma y enferma, me curaron por mucho tiempo y los doctores no me podían curar, le dije a mi esposo que me llevara con los tiemperos y me pudieran curar y solo así me cure.

Doña Naty se casó muy joven y comenzó a enfermarse. Por mucho tiempo sufrió desmayos y perdía la conciencia de manera frecuente. Consultó médicos sin lograr recuperarse, hasta que los graniceros de su comunidad, otros hombres y mujeres elegidos por un rayo le curaron y le dijeron que debía servir a las nubes. Fue ahí cuando obtuvo salud y un trabajo mágico y único.

Su relación con los rayos comenzó desde muy pequeña. Recuerda que en el patio de su casa, estos caían muy cerca de ella, sin que sufriera daños. Le gustaba la sensación de ver la luz en sus pies sin sentir temor. Cuenta de manera divertida, como solía jugar a correr de ellos y acostumbrarse a que no le pasara nada.

Sueños y aprendizaje

A través de los sueños, Doña Naty ha aprendido todo lo que sabe hoy, como cantos, rezos, maneras de curar con plantas, hongos y oraciones. Son los espíritus de viejos y viejas graniceras quienes a través de sueños le enseñan cómo curar, a que templo asistir o de que cueva salió el rayo que daño a una persona.

Frecuentemente platica con esos espíritus viejos o con personajes naturales como la Iztaccíhuatl o el Popocatépetl, quienes le piden ofrendas de comida, bebida y cantos.

Conocer a la Iztaccíhuatl es una emoción indescriptible, mágica, estar con ella es llegar a un paraíso lleno de variadas frutas, plantas, colores intensos de la naturaleza, agua y flores.

Ella le pide flores, mole, pan, ceras, todo esto para poder ir al templo designado y vestir la cruz, pedirle a los espíritus de la lluvia, las nubes, el granizo, el viento, agua abundante para los montes, salud para todas y todos, y que así exista la vida.

Sabiduria femenina

A sus 68 años, Doña Naty es una mujer fuerte física y espiritualmente. Su contacto con la naturaleza le permite una intuición con la que resuelve problemas personales o de su comunidad. Sin embargo, no sólo ahí la conocen, también investigadores, reporteros y estudiantes solicitan una guía para sus trabajos. Está acostumbrada a las preguntas. Ha contado muchas veces su vida y su trabajo, y no ha perdido la frescura y la emoción de su elección como granicera. ¿Qué hace una granicera? ¿Cómo aprendió? son preguntas a las que responde de manera fluida y emocionada. Sabe que sus conocimientos son ricos e importantes para muchos otros que no la tratan de bruja o charlatana. Ella, con una sonrisa y con la tranquilidad que emite una persona con el espíritu equilibrado, comparte su conocimiento sobre las plantas: el romero es muy útil para el cabello o la tos, etc. Recuerda con mucho placer como su abuela y su madre le enseñaron como curar con ellas, qué té hacer para un dolor de hígado o riñón, cómo y cuánto tomar, y le interesa que su sabiduría no se pierda, por eso está dispuesta a enseñarle a quien quiera aprender de ella, estudiantes, investigadores, sus hijas y nietas.

Doña Naty, la líder

Una mujer así es líder, no sólo de su familia, sino también de la comunidad. Se ha ganado el reconocimiento y respeto de muchos habitante de esta zona por haberlos curado con sólo estar abierta a un diálogo. Recuerda el año 2000, cuando el volcán Popocatépetl entró en actividad eruptiva, y su comunidad tuvo que ser evacuada. La gente tenía miedo, pero no quería abandonar su casa por temor a perderlo todo. Cuando la consultaron, ella habló con el Popocatépetl y subieron a dejarle una ofrenda. Entonces escucho de esta montaña que debía tranquilizar a su pueblo, que nada pasaría, y en plena crisis de nerviosismo e inseguridad convocó a la comunidad a reunirse en la iglesia, donde contó lo que el volcán le había dicho. La gente decidió quedarse. La confianza y la tranquilidad que le transmitió a su pueblo no la habían podido conseguir ni los medios de comunicación, ni los servidores públicos. Todas y todos regresaron a sus casas confiados en que no pasaría nada.

Historia que se escribe

Mujer de apariencia frágil y sonriente. Con su trabajo y voluntad sostiene una tradición milenaria que cautiva a quien se adentra en los estudios antropológicos e históricos. Una tradición que sobrevive contra la globalización, la economía, la política y este afán capitalista de borrar lo diferente. Ella lucha contra todo esto al pedir por la lluvia, curar con plantas, levantar la sombra de quien muere, acoger a los enfermos y afligidos. Su trabajo es también el de escribir su historia sin importar cuanto la juzguen o nieguen al decirle bruja o charlatana. Ella con su conocimiento es un eje importante de su comunidad, de su tradición, de su cultura, de su familia; en fin, es una mujer que hace y sostiene la historia, la de su pueblo y de su ser.

Por Rosa Irene Paez Torres.

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