Una voz desde el inframundo

Por Estrella Flores
Los audios utilizados en esta publicación fueron grabados a través de una llamada telefónica al Reclusorio Sur.
Fotografía de Heriberto Paredes

 

Hablar de él es algo complejo: su historia simboliza una experiencia de vida admirable. Enrique tiene estudios de maestría en Psicología y en Literatura Moderna, era profesor de Psicología de la Universidad Iberoamericana y presidente fundador del Colegio Mexicano de Psicólogos A. C. Su vida oscila entre ascensos y descensos, entre letras, preguntas y respuestas.

Lo conocí hace algunos meses, cuando por primera vez tuve su caso entre mis manos. Enrique Aranda Ochoa fue detenido en el Distrito Federal el 25 de junio de 1996 por el presunto secuestro de Lorena Pérez Jácome (hija de Dionisio Pérez Jácome, vocero presidencial de Ernesto Zedillo) y la supuesta tentativa de secuestro de Judith Gómez del Campo (prima de Margarita Zavala Gómez del Campo). Posteriormente fue procesado judicialmente con múltiples irregularidades por el delito confeso, conseguido mediante tortura (la cual fue acreditada por dictámenes en medicina forense y estudios victimológicos); fue sentenciado a 51 años de prisión –pena que se logró disminuir a través de amparos hasta llegar a 24 años 6 meses.

Sobre el caso, la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal emitió la recomendación 12/2002, Amnistía Internacional lo documenta y denuncia en su informe del año 2003: Juicios injustos: tortura en la administración de justicia, (Índice AI: AMR 41/007/2003/), además de reconocerlo como «preso de conciencia». También aparece en el informe de las organizaciones Acción de los Cristianos para la Abolición de la Tortura (ACAT), la Asociación para la Prevención de la Tortura (APT), la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos (CMDPDH), y el Centro por la Justicia y el Derecho Internacional (Cejil), presentaron a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en 2002. Así mismo, la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF) emitió el 16 de febrero de 2005, un punto de acuerdo, expresando preocupación por la violación de los derechos humanos básicos en el caso Aranda Ochoa. Sin embargo, Enrique continúa privado de su libertad, acusado de un delito que no cometió, mientras que los responsables de la tortura siguen impunes.

Recuerdo que conocía su voz, ese timbre tan peculiar y sereno que de vez en cuando me ayudaba a dibujar su rostro, que me era aún desconocido. Enrique es un hombre brillante intelectual, cultural, profesional y humanamente. Cuando lo visité por primera vez, los nervios y la emoción alteraban los latidos y apresuraban a la imaginación; quería preguntarle infinidad de cosas, tenía la sospecha de que era un hombre por así decirlo «místico» –y no me equivoque. Cuando entró a la sala donde lo esperábamos, se me erizó la piel: caminaba seguro, erguido, con una ligera mueca de satisfacción, tenía una mirada taciturna pero amable. Al escucharlo hablar, me di cuenta de que sus palabras firmes y convincentes generaban una atmósfera apacible. La plática transcurrió amenamente, las preguntas fluían libres.

Si de algo estoy absolutamente segura es que Enrique es sinónimo de armonía, irradia luz y que resulta humanamente cautivador, más aún cuando con palabras firmes y serenas asegura que, para él, «los años en reclusión han sido gratos, porque le han permitido encontrarse a sí mismo, reconocerse y sentirse, pero sobre todo le han dado la oportunidad de sumergirse entre versos y prosas»; ya que para él la literatura y la poesía representan la posibilidad de un encuentro más íntimo consigo mismo. Aunque su formación académica se inclinó más a la materia psicológica, siempre tuvo inquietudes líricas; y, como nos compartió con una ligera sonrisa y un brillo especial en sus ojos, «escribir es el camino que debemos caminar para el descubrimiento interior», dejando muy claro que la intención de sus escritos es propiciar un primer acercamiento para la sensibilización de las masas, pues éstos son una forma de tocarles la conciencia y acariciarles el corazón.

Enrique ha participado activamente en diversos concursos de composición literaria, ganando diversos premios, convirtiéndose en un referente en los concursos nacionales de cuento «José Revueltas» y de poesía «Salvador Díaz Mirón». Ha escrito varios libros, entre ellos algunas novelas inéditas y narrativas de su experiencia en el Reclusorio Sur, donde ha estado recluido los últimos 19 años 7 meses. Varios de sus escritos han sido destinados por el autor a conformar lo que llama «Memorial del inframundo», que será una compilación de los momentos más angustiantes que le han asfixiado durante su estancia en la penumbra del cautiverio. Su lírica, melancólica y sensitiva, dinámica e irreverente, rebelde y lúcida va un paso delante de su propia vida.

Le miré una vez, le he escuchado, y con eso ha bastado para imaginarlo ahí, sentando entre los claroscuros de su celda, con las manos inquietas, impávido y meditabundo, organizando la secuencia de las letras para articular palabras que al final, entre borraduras, harán visible y audible su amor por la literatura; y es que para Enrique la literatura es una deidad sublime, caprichosa y exigente, es una mirada distinta de la realidad que comunica sus senti-pensares, que reaviva esa llamarada para resurgir de entre la aflicción.

(Fragmento del poema Melancolía)

                                   El cuenco del Anáhuac es del Fénix.

                                   Inframundo bajo el volcán despierto:

                                   Veo este país de cal y ceniza

                                   todo su suelo yermo

                                   playas creciendo espuma y el rencor,

                                   la infamia atropella y al fuego atiza,

                                   arde el dolor, catástrofes ya vuelven,

                                   la nación en su prisa

                                   entierra vivos, muertos resucita,

                                   se levantan fantasmas del ayer

                                   las profecías ciertas resultaron

                                   (Ehécatl encrespado).
          

                                   Aquí sequías, allá inundaciones

                                   (la muerte de fuego y agua calada),

                                   erupciones de reprimida historia

                                   confluyen en nahui ollin

                                   en donde las dimensiones se tocan

                                   el aura de sus vértices

                                   (no un «lugar» del encuentro,

                                   es un ubicuo centro

                                   con ciclos y ataduras de los años).

                                   Pero dijo Tonantzin

                                   «No a todas las naciones»,

                                   así, es la prueba el don.

 

                                   Ya nace aquí otra luz, Revelación,

                                   la videncia airada del sol caníbal:

                                   en zarza ardiente se cuece el país,

                                   la rosa llama de los rubios llanos

                                   es lengua pregonando nuevos días,

                                   pedernal, lengua pétrea

                                   en el centro de la Piedra de Sol

                                   (secreta lapis ígnis).

 

                                  Renacen aires sanos,

                                   la nueva visión de la Diosa madre

                                   entre nubes y flores

                                   en el portal del cielo:

                                   cruce de los caminos

                                   en el aspa de todos los solsticios.

                                   Solar-lunar es México

                                  en humeante espejo de su suelo.

Enrique se declara abiertamente un hombre apasionado por la poesía. Haciendo un micro recorrido por su pre-conciente para traer los nombres de aquellos hombres que lo han inspirado, puedo mencionar estos:

  • Enrique González Martínez, poeta mexicano considerado uno de los «Siete dioses mayores de la lírica mexicana».
  • Pablo Neruda, poetachileno, considerado como el más grande poeta del siglo XX en cualquier idioma y uno de los 26 autores centrales del canon de la literatura occidental de todos los tiempos, Premio Nobel de Literatura en 1971. La figura de Neruda representa para Enrique la apasionada y afligida realidad del activismo político.
  • Arthur Rimbaud, «el gran poeta maldito francés», poeta cautivo en los tiempos de la guerra civil en Francia. Inspirado en la poesía simbólica de los «poetas malditos», expone su teoría sobre el «Yo es otro» en sus Cartas del vidente, por medio de un largo, inmenso y racional desarreglo de todos los sentidos para lograr convertirse en un alquimista de las palabras.
  • Nazim Hikmet Ran, el poeta cautivo más importante en lengua turca del siglo XX. Vivió en el exilio a causa de su militancia comunista. Su obra se caracteriza por el compromiso político plasmado en verso libre.
  • Luis Cernuda, poeta español de meditación en las cuatro etapas de la vida, integrante de la tradición romántica con una forma distinta de entender el amor. Sus escritos fueron definidos por la rebeldía y la frustración ante la creencia de que el poeta es elegido por Dios y maldito por la sociedad.
  • Olga Orozco, poeta argentina formó parte de la generación de la llamada «Tercera Vanguardia» de marcada tendencia surrealista, se caracterizaba por su inteligencia sutil que le permitió escribir frecuentemente con la figura lógica del oxímoron que consistía en usar conceptos opuestos en una misma frase. Tenía desarrollada una especial y visionaria imaginación pródiga en expresiones en temas frecuentes como la evocación de la niñez, que asimila con la época del paraíso perdido y la adolescencia con la época de la develación.
  • Tomás Segovia, escritor y poeta español, profesor e investigador del Colegio de México, galardonado en varias ocasiones con premios en poesía, ensayo, creación literaria y traducción.
  • Xavier Villaurrutia, escritor, poeta, crítico literario y dramaturgo mexicano. Inspirado en la obra de López Velarde, pero influido por el surrealismo, su obra se distinguió por su oscuridad y sus referenciadas imágenes de abandono, desolación y muerte.

Sólo por mencionar algunos, ya que su repertorio es descomunal: reúne aproximadamente a 800 autores.

(Fragmento del poema Melancolía)

                                   Refulge cual diamante entre las llamas

                                   el dolor congelado,

                                   es un cetro de honor

                                   mi tierna soledad acrisolada

                                   donde al compás de egipciaco reloj

                                   se transforma el carbón

                                   o el luto cubre lento el corazón

                                   en los días voraces.

 

                                   En cruel averno ya nada es trivial

                                   (salvo injustificado sufrimiento),

                                   en las vegas feraces

                                   revolotea la dicha allá afuera

                                   fugaz su aurora y su cauda de risa

                                   (la felicidad camina de prisa);

                                   este muro es la lápida de olvido,

                                   pozo infestado de ávidos leones

                                   o un vientre de ballena,

                                   Sinfín oscuridad.

 

                                   ¿A quién le importa una injusticia más?

                                   ¿A quién otro poeta marchitándose

                                   entre la cruda risa de felones?

                                   Sufro, mas transfiguro triste faz:

                                   el dolor es un alba de visiones

                                   filo cortante y luz.

Enrique Aranda merece cualquier reconocimiento tanto por su trayectoria como por la lucha interna y externa a la que se ha enfrentado desde su encarcelamiento; pero, sobre todo, nos deja una enseñanza mayor; «aprender a liberar nuestra mente y nuestra alma de resentimiento», ya que, aunque resulte desconcertante, Enrique nos comparte con una mirada profunda y noble, acompañada con un gesto de bondad, que él no guarda «rencor a las personas que lo llevaron hasta ese lugar, porque, a pesar del cautiverio, su mente y su cuerpo se reconciliaron con el mundo y fortalecieron su espiritualidad», logrando liberar las cargas de energía negativa gracias a su práctica constante de Kundalini Yoga, que igualmente ha potencializado su inspiración y equilibrio reencauzando toda su energía a la reconstrucción de afectividades individuales y colectivas que humanizan y transforman su existencia con plenitud.

Fragmento del cuento «El charro negro»

«Llegada la funesta noche, dejamos la troca varios metros abajo del montículo en que se hallaba el casco de la hacienda. Sin abandonar cautelas subimos la loma con picos, palas, lámparas y otros trebejos. Los perros mejor los dejamos pa que no hicieran bulla o estropicio. Se respiraban lugubreces y aromas de cena de cenizas; furtivos aleteos animaban la húmeda noche y el rumor de nuestras botas tallaba la yerba al relente. Una luna colmillosa asomaba sobre el horizonte quebrado. Mezquites y pirules, absortos, se desentendían de nosotros; sus ramas no hospedaban a ningún pájaro. Muy mudo estaba el viento. Cierto de una pasaje sin contratiempos, dejé y ordené las cosas, jaloneando después una barreta encajada en la tierra. Ofreció resistencia y, al sacarla, testerió el cinto en que sujetaba la colt. No sé, con qué palabras, pa decirle. Una gangrena helada, así de repente, mordió mi pie; un fuego que se abría paso quebrando coyunturas y haciéndome oír muchedumbre de voces en rezos innombrables, vocerío de aquelarre, pues. No sé como aclararle que ese inexplicable balazo en mi pie no me hizo daño tanto como todo ese rumoreo satánico burbujeando por mis venas. Me desvanecí momentáneamente. Mi padre me despertó a los pocos minutos, urgido de partir. ‘¡Juyámonos, este lugar tiene oscuro guardián’. Me apoyé con una mano sobre su hombro, punzándome horrores el guiñapo del pie. No volteamos ni una sola vez, abandonándolo todo». (Fragmento del cuento «El charro negro»)

Como me ha sido posible expresar mi admiración por Enrique Aranda Ochoa, les exhorto para que le conozcan, no físicamente, si no a través de sus palabras; y ojalá que, después de deleitarse con sus letras rebeldes, puedan leerlo como un hombre reflexivo, armónico, inspirador, con matices subversivos y melancólicos.

There are 2 comments

  1. MARIO HORTA

    Mi asombro no terminó con la lectura de algo tan bello, admirable y grandioso. Bellos textos y la actitud un tanto pueril rallando en una inocencia desprovista de prejuicios y maldad. Es admirable su reciedumbre y convicción firme en cuanto a sus ideales y posiciones políticas. En suma todo lo narrado, su obra y su actitud son absolutamente grandiosos y me confirma que somos mas los buenos y que podemos salir de la podredumbre en que estamos metidos los mexicanos

  2. Adriana Zubieta Mèndez

    Me pareciò bello, son poemas inspirados en alguien que Ama la vida pese a sus adversidades, admiro a Enrique Aranda Ochoa, y al igual que la persona de la entrevista, yo tambièn sentì los mismos nervios cuando lo conocì, no dormì la noche anterior de pensar de que podìa platicar con alguien que ha leìdo todo, con alguien que se basa en lo leìdo y en lo aprendido. Doy Gracias a la vida por esta causalidad de haberlo conocido, admiro su talento, su cultura, pero sobre todo su sensibilidad para escribier. Aplaudo de piè.

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